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Alberto Hernández: la lectura es mi hábito perverso

Alberto Hernández

Alberto Hernández (Calabozo, Guárico, 1952) afirma que hemos perdido la memoria cultural, la literaria y la nacional. Reconoce que nunca ha vivido de la literatura, pero sí para ella. Exhorta a los jóvenes poetas a no rendirse, a que se coman el mundo. El escritor no deja de expresar su preocupación por la Venezuela actual.

La Fundación para la Cultura Urbana ha premiado con el XVII Premio Transgenérico al poeta, narrador y periodista por su libro El Nervio Poético, un relato especial casi autobiográfico que recorre paisajes y poetas venezolanos.

Háblenos sobre El Nervio Poético, obra ganadora del XVII Premio Transgenérico.  ¿A cuáles poetas venezolanos rinde homenaje?

“El nervio poético” es una novela en la que el lector podrá imbuirse en una historia donde participan personajes reales y de ficción. La de muchos poetas de la década de los 60, 70 y 80. El relato lo conducen Eugenio Montejo y Pepe Barroeta algunas veces apoyados por el narrador quien también se involucra como personaje. Es un recorrido por los diferentes paisajes o lugares donde ellos, los poetas mencionados y muchísimos más, bebía, conversaban, discutían, planeaban, escribían, etc. Sabana Grande, Valencia, la Universidad de Carabobo, Güigüe, Pampanito, Mérida son esos lugares.

En la novela interactúan poetas como Vicente Gerbasi, los ya nombrados Montejo y Barroeta, Alfredo Chacón, Ludovico Silva, Orlando Araujo, Ángel Eduardo Acevedo, Contramaestre, Tortolero, Mario Abreu, Cauplocán Ovalles, Oliveros, Pereira, Elena Vera, Miyó Vestrini, entre otros tantos personajes que estaban cerca de esos poetas. La lista es larga. Inclusive, los heterónimos de Montejo forman parte de ese mundo en el que participan con el mismo poeta que los creó.

¿Qué representa este Premio para usted?

Como todo premio me resulta gratificante porque es el reconocimiento a un trabajo constante. Es un premio que comparto con mis compañeros de generación, pero sobre todo con esos poetas personajes porque de ellos aprendí mucho. Los maestros, esos venezolanos que nunca dejaban de estar acompañados de los más bisoños. Ese premio es de ellos.

¿Se identifica con algún género literario?

Como vivo en medio de la ociosidad, ese espacio donde me encuentro con tantos recursos creativos, escribo poesía, relatos cortos y muy cortos, breves ensayos, aforismos. Y ahora, en los últimos años he entrado en la novela. Pero es la poesía la que me ha llevado de la mano a encontrarme con otros géneros, disfrutarlos, hacerlos posible conmigo.

¿Qué lo motivó para escribir esta obra? ¿Acaso hay algún aspecto autobiográfico?

Como dije antes, el agradecimiento a los maestros. Todos esos poetas y amigos que ambulaban por el país me motivaron. Y sí, por supuesto que hay aspectos autobiográficos porque tuve la oportunidad de respirar con algunos de ellos y ser amigo de sus sueños. El narrador, que va más allá del autor, también forma parte de ese mundo.

¿Cuáles son sus fantasmas particulares como poeta?

No suelo tener fantasmas nocturnos. Mi poesía ha estado rodeada de temas como la muerte, el erotismo, el país y algunos personajes que me han marcado. Temas, son muchos. Los fantasmas están en permanente vigilia, de día. Los oigo hablar y ellos darme pautas. La creación artística es una constante conversación con lo etéreo, con la realidad que se desvanece de pronto. Pero no suelo andar atado a algún fantasma que me angustie. El país es en este momento el relato que nos devora, porque ha sido invadido, no por fantasmas, sino por monstruos. Y de allí emerge una robusta narrativa y poesía que tiene nombres. Para nombrar sólo a dos Israel Centeno y Adalber Salas Hernández, quienes han escrito el país en sus obras.

¿Qué lo inspira para escribir su poesía?

Nunca me ha gustado la palabra inspiración. Pero cualquier motivo es suficiente para trabajar con las palabras. El ruido provocado por algún movimiento, una hoja que gotea, un niño que llora, una mujer, un basurero. Un cadáver, un tumulto, el sexo…mira, cualquier motivo me impulsa a escribir poesía. Igual pasa con la narrativa y el ensayo.

Para mí es un trabajo. Una labor que se convierte en oficio. Terrible si dijera que soy un profesional dela escritura. Para nada, soy una persona que trabaja con las voces ajenas. Y que también se cansa y descansa. Y como dijo un el poeta italiano Césare Pavese: “Laborare stanca”. Es preciso cansarse para seguir trabajando.

¿Cuáles hábitos acompañan su proceso creativo?

Los malos hábitos, los malos y buenos pensamientos. En serio, vivo en un país donde tengo que hacer de ama de casa, de padre, de abuelo, de hijo, de amigo…de loco de carretera, de descuidado. Pero el peor de estos hábitos perversos es la lectura. Los libros me acompañan con su polvo y sus tapas y lomos al ojo de todos los que vienen a mi morada.

En Cónicas del Olvido, se refiere a la importancia de la reseña de los libros. Explíquenos su punto de vista.

Más allá de reseñar un libro, se trata de visitarlo o revisitarlo. Sacarlo de los estantes, de las cajas y volverlo poner al día, porque hemos perdido la memoria cultural, la memoria literaria, la memoria nacional. Mi insistencia es esa. Volver a Enrique Bernardo Núñez, Mariano Picón-Salas, Mario Briceño Iragorry. Isaac J. Pardo, entre otros tantos, porque los jóvenes –y muchos ya no tan jóvenes- no saben de ese país. País que creo se está convirtiendo en pasado, en ese pasado por el cual lucharon nuestros abuelos y padres.

No nos cuesta mucho abrir los libros de Andrés Eloy, de Ramos Sucre, de Andrés Bello, de los clásicos venezolanos. Nos hemos alimentado con ellos. Entonces ¿por qué no tenerlos lado de nuestros asuntos actuales, al lado de los poetas más cercanos y de los que están naciendo?

Más allá de la reseña, repito, es un reencuentro con el país que se nos borra de los ojos, de la memoria. Es una celebración de nuestros talentos, de nuestros amores literarios.

¿Es el mundo, un lugar incómodo?

Claro que lo es. Yo vengo del paraíso perdido de los Llanos. Soy un exiliado. Me tocó vivir fuera de mi país y ahora siento que sigo viviendo fuera de él. Por supuesto, el arte, la creación, ayuda a entender, pero no nos salva. Nos empuja a entender el mundo. Sí, podríamos añadir, que sirve para que sea menos pesada la carga. No vivimos en un reino de cuentos de hadas. El mundo es peligroso. Pero también  peligrosamente bello.

Ud. tiene una amplia carrera literaria, se siente satisfecho con lo logrado o hay alguna meta que deba cumplir aún.

Aspiro a que lo que no he publicado encuentre un muelle seguro. Que no encalle lo que llevo escrito y lo que no se publicado. Tengo varios libros inéditos de poesía, ensayo y tres o cuatro velas más. Estoy, digamos, como los niños, contento. Ha valido la pena. No he vivido nunca de la literatura. He vivido para ella. He vivido de la docencia y del periodismo. Mi meta entonces es seguir escribiendo y lo escrito sea leído, conocido por los lectores.

A los jóvenes que se inician en la poesía, ¿Qué les gustaría decirles?

Que lean mucho. Que espanten la soberbia y la vanidad de sus vidas, porque uno vive muchas vidas. Que lean mucho, que no dejen de leer. Que tengan buenos amigos que los acompañen, que hagan familia literaria. Que no se rindan ante tropiezos o críticas mal conducidas. Que sigan, que se enamoren, que se coman el mundo con su alegría creativa.

¿Cómo ve el futuro de los libros digitales? ¿Los lee?

Tiene su espacio. La tecnología avanza. Sí, los leo, pero no me leería una novela como el Quijote en digital. Sobre todo leo libros de poesía, porque son más cortos y no dejan más ciego de lo que podría estar. Generalmente, me envían libros en pdf para leerlos, pero novelas muy largas me cuestan mucho. Pero sí, leo.

¿Cómo definiría en una frase, a Venezuela?

Tengo dos versiones, una humorística y otra no tan humorística.

Venezuela es un corral mal alumbrado. Y  Venezuela es un desastre que nos agobia.

Y no lo puedo decir en una frase porque preciso de un verbo para decirlo en dos oraciones.

¿Qué libros leerá este 2018?

No sé. Espero que me sigan enviando libros para poder decir luego qué libros leeré. En nuestro país no hay prospectiva editorial. No sabemos qué va a pasar mañana.

Fotografía de: Alberto H. Cobo. 

Por Patricia Chung

 

 

 

2 Comments

  • Julian Reply

    31/05/2018 at 8:38 am

    Adrián no quiere ir a la cama a la hora de dormir.

    • queleerblog Reply

      04/06/2018 at 9:54 am

      jeje

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