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Alberto Ruy-Sánchez: cada libro es un nuevo reto colosal

Alberto Ruy-Sánchez (Ciudad de México, 1951), es un multipremiado autor mexicano, con libros que han sido traducidos a diferentes idiomas, como francés, holandés, portugués, alemán, serbio, turco y árabe. Sus novelas son libros de culto y permanentemente se reimprimen en español. En entrevista a Qué Leer nos cuenta sobre sus premios, inspiración, compromiso social, su obra, nos dice por qué no le gusta dar consejos y además habla sobre los libros que lee de manera simultánea.

Alberto, han transcurrido 30 años entre el Premio Xavier Villaurrutia 1987 y el Premio Nacional de Artes y Literatura 2017. Son tres décadas en la que ha recibido los más diversos e importantes reconocimientos ¿Qué representan?

Cada Premio representa algo radicalmente distinto. El más reciente, el Premio Mazatlán, por ejemplo, fue para el libro Los sueños de la serpiente, pero lo primero que me surge al pensarlo es el cariño que tengo por una familia de Mazatlán que siento mía. El Premio no vino de ellos, por supuesto, pero me alegra pensarlos y decirles en público mi cariño, el gusto de haber conocido antes Mazatlán por ellos, la suerte extraña de que un libro me acerque de nuevo a las costas de sus afectos. Hay Premios tan extraños que simplemente por existir son un gozo. Por ejemplo, el de haberme nombrado “Capitán Honorario del barco de vapor más antiguo que navega los afluentes del Mississippi, La Belle de Louisville”. Es una distinción que la Universidad de Louisville pide al Gobierno que otorgue a personas distinguidas en sus profesiones. En vez de darte un doctorado honorario te dan un barco. Una delicia flotante.
Me encantan los Premios compartidos, el Villaurrutia lo obtuve junto con Bárbara Jacobs y nos hermanamos desde entonces. El Premio de Poesía de Lugano lo recibí junto con Elsa Frost y lo mismo. Con mi esposa hemos recibido varios y compartirlos con quien se ama es como duplicar el Premio. Hemos recibido juntos distinciones en Chicago, en Arizona y en México. Viajar para recibir un Premio también lo multiplica. Y más si el lugar que lo otorga es muy bello, como San Petersburgo; o muy extravagante, como la Guyana francesa. Normalmente, los Premios que me han dado los han decidido lectores. Y la lectura es un ejercicio de libertad y generosidad radicales. Un lector que te premia te está dando un enorme presente, independientemente de que uno se lo merezca o no. Como ves, sitúo a los Premios más del lado de los afectos que de los méritos. Y más que pensar en el pasado o el presente me hacen pensar en el futuro, en el reto de mejorar para merecerlos más cada día.

Los sueños de la serpiente de Alberto Ruy Sánchez.

La FIL Guadalajara 2017 le otorgó el Premio Homenaje al Bibliófilo, por su amor a los libros, a la lectura. ¿Cuántos libros aproximadamente tiene en su biblioteca? ¿Podría decirnos qué la hace especial? ¿Tiene algún incunable en su colección?

Es un Premio lleno de afecto y muy bien organizado. Te piden escribir el discurso con mucha anterioridad porque lo publican y lo reparten el día de la premiación, por ejemplo. Yo aclaré que no no soy un bibliófilo en el sentido tradicional del término: no tengo ninguna joya. Mis libros son de trabajo y mi trabajo es un goce y es mi vida. Si alguien tiene ganas y paciencia de leerlo, aquí está: “El Eros de la biblioteca de Alberto Ruy Sánchez”.

Alberto Ruy- Sánchez.
En la Feria Internacional del Libro (FIL) 2017, Alberto Ruy- Sánchez recibió el Homenaje al Bibliófilo.

 

¿A qué edad lo enamoró la lectura?

No recuerdo una época en la que no fuera lector. Mi madre dice: “Vivíamos en el desierto cuando le llegó la edad de aprender y como no había escuelas, yo le enseñé a leer. Le enseñé jugando. Y le gustó. Luego queríamos comprarle algún juguete y le gustaban muchos pero elegía siempre además un libro.”

 

 

Leí en una entrevista que para usted, los libros están vivos. Cuénteme cuál o cuáles ha releído muchas veces y no se cansa de hacerlo.

Muchísimos, en fragmentos la mayoría. Es mi trabajo y mi placer. Podría decir que todos los que tengo están ahí para ser releídos y leídos. Tengo la suerte de tener tan mala memoria que vuelvo a gozarlos y a explorarlos con curiosidad y placer.

¿Le gustan los libros en formato digital?

Me gustan en tabletas de barro, escritos en los muros, tatuados en la piel de quien amo, a punto de escribirse y hasta en papel. Tengo una pequeña colección de libros digitales porque no se consiguen de otro modo o porque están editados en otra lengua y en otro país y los necesité de emergencia, o porque los bajé de una biblioteca antigua y sólo están a mi alcance de manera digital.

Se autodefine como un contador de historias. ¿Qué historia le gustaría contar?

Las que están ya en mis novelas son muchísimas y las que podrían estar también. Todas tienen que ver con el deseo de todo tipo. El otro día me puse a hacer una simple lista de personajes que quisiera explorar y llené un cuaderno entero. No me daría la vida. Me gusta seguir hilos y por lo pronto tengo la urgencia de continuar averiguando qué sabe y qué logra recordar todavía el personaje principal de Los sueños de la serpiente. Se que fue encargado de vigilar a la maravillosa poeta Anna Ajmátova y sus amigos. En esa historia voy. Entre muchas otras.

De sus viajes, ¿cuáles le han servido de mayor inspiración para escribir sus libros?

Más que inspiración, los viajes bien vividos son experiencias intensas que te obligan a querer lograr que escribir sea una experiencia igualmente intensa y envolvente. No es tanto el contenido o el paisaje del viaje que cuentes. Sino la altura y profundidad vital del acto de escribir y de leer.

La Editorial que publica la revista Artes de México de la cuál usted es Director general cumplirá 30 años en este 2018, es un proyecto de vida y de amor a México que ha recibido más de cien premios nacionales e internacionales. ¿Cómo evalúa esa contribución tan importante para difundir la cultura de su país? ¿Cuáles nuevos retos debe afrontar en esta era globalizada?

Es un proyecto del que soy codirector con Margarita De Orellana. Y que creemos indispensable porque pone el dedo en dimensiones profundas y variadas de México que muchos no ven o no quieren ver y que no son solamente los agravios que hay en el país. Uno de nuestros lemas es: sumar al placer de contemplar el placer de comprender.
El reto mayor siempre ha sido y sigue siendo lograr el financiamiento para cada proyecto porque no se trata sólo de imprimir o difundir ediciones sino que cada una es una aventura de conocimiento, una especie de expedición que toma mucho tiempo elaborar y de la que seguimos ocupándonos toda la vida. Por fortuna siempre hay un público no sólo interesado sino incluso apasionado por lo que hacemos. Es más difícil educar a gobernantes o mercadólogos despreciativos de la creatividad de México en sus dimensiones no hollywoodescas.

¿Cuál debe ser el compromiso de un escritor con su entorno social y político?

Ser el mejor escritor que cada uno puede llegar a ser. Es un deber artesanal primordial. Lograrlo mejora la vida del entorno, sus dimensiones estéticas son importantres y significativas y nunca están aisladas de ese entorno. Luego, como ciudadano cada escritor tiene todas las obligaciones de todos los ciudadanos. Militar o no por una causa tiene que ver con eso. Personalmente creo que además, los escritores tenemos la obligación de ser mucho más reflexivos y cuestionarlo todo desde la base. No creerse los mitos y poner en tela de juicio a todos los líderes, ponderar en todo y en todos sus claroscuros. Sobre todo, nunca dejar de ser reflexivos en nombre de una causa. Cuando se deja de ejercer la razón crítica y se justifican causas comienza lo que Hanna Arendt llamó la banalidad del mal.

¿Cómo ve el panorama de las letras en América Latina, considerando el talento emergente que tiene este continente?

No creo que sea una exclusiva creativa del continente. Los jóvenes de Bulgaria son tremendamente creativos y los de Vietnam y de la India no lo son menos, me consta. Lo importante para las letras de América Latina es que siendo un continente que habla la misma lengua vivimos desconociéndonos mutuamente. El reto sigue siendo y lo será cada vez más, romper las barreras que establecen los sistemas comerciales para que no circulen sino los libros locales. El potencial de difusión es inmenso pero las dificultades todavía son mayores.

¿Es difícil publicar un libro en los actuales momentos?

Siempre lo son cuando propones algo diferente por la primera vez. Y de eso se trata la creatividad, creo yo. La dificultad de publicar forma parte de la innovación. Pero entre más se anquilosan los grandes grupos editoriales y menos aceptan la creatividad más surgen las posibilidades en los márgenes, en las pequeñas editoriales y revistas. Y ahora, por lo pronto, en las redes. Donde falta elevar muchas veces la calidad de lo publicable. Pero es un comienzo. Es un hecho histórico, un ciclo de vida.

En Mogador se pasea por la cartografía del deseo mientras que en Los Sueños de la Serpiente, indaga sobre la maldad, el engaño y la mentira. En plena madurez creativa, ¿Cuáles nuevos retos afronta como escritor?

Yo creo que la cartografía del deseo incluye al mal. Si lo dejé de lado en el ciclo de Mogador fue para darle su dimensión y su espacio. Ya había comenzado a explorarlo con Los demonios de la lengua, paralelamente a Los nombres del aire. Pero cada libro es un nuevo reto colosal. Yo me pienso siempre como un principiante que tiene que reinventarse porque creo que cada historia demanda una forma distinta. Ya que en el arte la forma es contenido. Todos los días comienzo de nuevo a aprender algo de mi oficio.

¿Qué mensaje le daría a un joven que haya escogido la escritura como profesión de vida?

No soy nada paternalista ni me creo con la autoridad de dar consejos ni creo que nadie deba darlos. Me chocaban desde siempre los que dan consejos y establecen reglas de escritura. Y menos a los jóvenes. Yo aprendo de los jóvenes. Aprendo de mis hijos cada día. Dar consejos es ponerse a desear en el lugar de los demás, es una violencia. Dicho esto, Uno puede tomar como guía o consejo lo que cada quien quiera. Lo que sí puedo decirte es que a mí me iluminó la respuesta de José Lezama Lima, cuyo Paradiso releo siempre, cuando le preguntaron qué es lo que más admira en un escritor. Él respondió (cito de memoria, es decir, mal): “que cuando se despierte sea como un recién nacido y cuando se duerma sea como si hubiera vivido mil años, que le guste la guayaba que come todos los días y la granada que nunca ha probado, que se acerque a las cosas por apetito y se aleje por repugnancia.” Si eso puede ser un consejo depende de cada quien.

¿Qué libro está leyendo actualmente?

Siempre tengo que leer varios paralelamente porque soy esencialmente desordenado pero obsesivo. Y gozo saltando de una conversación a la otra. Ahora tengo comenzados sobre mi mesa: Primeras nieves sobre Pondichery, de Hubert Haddad; Yo, de un Japón ambiguo, de Kenzaburo Oé; Diario de viaje en Rusia, de John Steinbeck con fotos de Robert Capa; la Correspondencia entre Varlam Chalamov, Nadieshda Mandelstam y Alexander Solyenitzin; El nubolario, principios de nubología; de Fosco Maraini; La invasión del desierto, de Eric Marty; Los tiempos de los inconciliables, de Abdelwahab Meddeb; La gran sacerdotisa no se casa y El Altar del mundo único, el primero de cuentos y el último de poemas de Sharanya Manivannan.


Página de Alberto Ruy- Sánchez


Por Patricia Chung

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