Alirio Fernández Rodríguez: La glocalidad es una realidad en la literatura venezolana

Alirio Fernández Rodríguez La glocalidad es una realidad en la literatura venezolana

Como humanista digital, profesor, escritor, editor y consultor de procesos, se define el venezolano Alirio Fernández Rodríguez, quien ha desarrollado una iniciativa, desde las Humanidades Digitales, denominada Narrativas Interactivas, un Mapa glocal de la literatura venezolana contemporánea y que, gracias a sus actualizaciones frecuentes, le han permitido hacer hallazgos muy interesantes.

En entrevista a Qué Leer, Fernández Rodríguez ha hecho un completo y crudo análisis de la situación que viven los escritores en Venezuela.

¿Cómo evalúas el panorama actual de los escritores en el país?

El panorama del país es precario. Y lo tiene que ser también para los escritores. Su pregunta me hizo pensar en la crónica que Rubi Guerra escribió para La vida de nos titulada Nada de lo vivido está allí. En ese texto de Guerra, el escritor aparece como un “pobre” agente que a durísimas penas vive sus días, que quizá ya no agencia nada o casi nada en el ámbito de ese “perol vacío” en que pareciera haberse convertido buena parte de la cultura en Venezuela.

Es verdad que este caso no es el de todos los escritores, pero basta con que pueda ser la posibilidad de uno, para que sea la de todos, cercana, además. Esto permite comprender lo que significa escribir en este país. Así que, no es descabellado creer que, de algún modo, todos somos, o podemos ser, Rubi Guerra. De hecho, hay que reconocerle a Guerra el ánimo, no sé si la valentía, de contar una historia que nos contiene a todos.

Como ve, para hacer mi evaluación del panorama he tomado un caso real, uno que considero representativo, y en él veo una referencia clave de la situación del escritor venezolano, en Venezuela. No cabe duda de que hay más y peores panoramas. ¿Todo está perdido? ¿No tiene sentido escribir? Al contrario, escribir cobra más sentido. Lo que no tengo es estómago para romantizar unas condiciones de vida que lo arriman a uno a la indignidad, la miseria, el hambre y, finalmente, a la muerte. Eso sí, con ese sonido vacío, casi imperceptible, que tiene la muerte en este país.

En cuanto a los espacios, digamos del ámbito cultural, para la producción escritural en el país, otra vez la precarización manda. Menos de veinte editoriales intentan hacer algo y con eso deben conformarse los escritores. Se celebran algunos concursos al año, tanto privados como del régimen, pero con una significación que sigue sin alcanzar siquiera para nombrar la mejora. Evidentemente, esto no hace que se pierda el valor del esfuerzo serio de algunas instituciones privadas. Del resto, en Venezuela son muy pocas las actividades que se hacen en torno a la literatura, ni siquiera en modalidad virtual, ni siquiera desde las universidades (que muy poco pueden). Todo está dominado por la precariedad, ese es el signo de esta época en este lugar.


Narrativas interactivas

Has creado un interesante mapa interactivo con las coordenadas de las plumas de la literatura venezolana contemporánea. ¿Cómo surge la iniciativa?

En determinado momento entendí el cambio importante que se está dando en la literatura venezolana, tanto por el modo de producción y circulación como en relación a la migración masiva que estamos viviendo, por lo menos, desde 2010.

Leer literatura venezolana me ha parecido siempre una cuestión complicada: en general no se consiguen libros de nuestros autores, los libros son caros, las librerías hoy por hoy son casi inexistentes, el uso de bibliotecas públicas es una rareza; pero paradójicamente, junto a esto, es verdad que el acceso a la literatura ahora está al alcance de un clic, gracias a Internet.

En ese contexto, como lector y estudioso de la literatura venezolana, busqué algún mapa de nuestras letras contemporáneas para ver quiénes somos, dónde estamos y qué se está escribiendo. Quería comprender el momento actual de nuestra literatura. La verdad, no conseguí ningún mapa. Entonces pensé en hacer yo un mapa de la literatura venezolana contemporánea.

Pero yo quería crear un mapa que fuese interactivo, al estilo de otros que había visto antes. Así nació este mapa, como necesidad de lector y de estudioso, de esta época hiperconectada, con el propósito de ver y mostrar las voces vivas de nuestra literatura en un solo espacio. El mapa responde tanto al trabajo riguroso de investigación como a la necesarísima labor de divulgación, es decir, sirve de medio y fin para cualquier interesado, curioso, experto, académico, venezolano o no.

Explícanos el concepto de «glocalidad»

El término de glocalidad o de lo glocal surge en el ámbito del comercio y las finanzas, en Japón, en la década de los ochenta. Yo había tenido una experiencia cercana al concepto por haber trabajado con japoneses en el área de gestión de calidad. Luego, en una entrevista que le hice a Ricardo Ramírez Requena, al preguntarle sobre la actualidad de la literatura venezolana, me respondió “se trata de una literatura glocalizada”. Ahí comenzó a interesarme esa idea adaptada a la literatura.

Para efectos de este trabajo, glocalidad se refiere a un nuevo modo de ser de la literatura venezolana. Este modo de ser tiene que ver con el funcionamiento y los procesos de producción, circulación y recepción de la literatura nacional. Lo primero que recoge la categoría de glocalidad es la relación de tensión entre los elementos locales y propios del escritor y los elementos globales o universales, que le son extraños, que le vienen de afuera. Esto guarda relación con la idea de hibridación, claro.

Se trata de una relación de tensión porque el escritor interactúa, gracias a la Era digital (o a la diáspora, en el caso venezolano), con un cúmulo de manifestaciones culturales ajenas, pero que tiene la necesidad u obligación de asumir parcialmente, al tiempo que intenta conservar esos elementos propios del origen, del terruño. Lo glocal permite la conservación de elementos locales que, incluso, redimendionan lo glocal, lo refractan como señala el experto Víctor Roudemtof. La glocalidad es una realidad inevitable a todos en casi cualquier parte del mundo hoy. La glocalidad de la literatura venezolana no se refiere solo a la diáspora sino al nuevo sistema que la relación tecnología-literatura ha venido estableciendo.

Entonces, glocalidad significa resignificación y problematización de lo nacional, de la extranjería, del desplazamiento, de la permanencia, del destierro y el exilio, del terruño… en fin de la identidad. Hablar de una literatura glocal permite señalar un modo de creación literaria afectado por cambios sustanciales en las referencias de que se sirve el escritor para construir su realidad, cuestión clave al momento de utilizar y traducir su experiencia en la creación, en su obra.

¿Cuáles han sido los criterios para escoger a los escritores que integran el mapa?

Todo acto de inclusión constituye, a su vez, un acto de exclusión. No obstante, para este trabajo, que forma parte de una investigación más amplia, me ocupé de que los criterios de selección respondieran a un principio: mostrar a los lectores y estudiosos la mayor cantidad posible de autores venezolanos vivos. Así que organicé los criterios de tal manera que el mapa pudiera mostrar autores dando una impresión de totalidad en construcción.

Para lograr eso, incluso metodológica y operativamente, fue necesario hacer la selección siguiendo estos criterios:

  1. Incluir solo de autores vivos, que residan dentro o fuera de Venezuela.
  2. Ocuparme de narradores, ensayistas, críticos, dramaturgos y traductores. Aquí, tuve que dejar aparte a los poetas, por dos razones: una, porque son muchos poetas; y la otra, porque representan el género literario venezolano más y mejor valorado internacionalmente y considero que vale la pena mostrarlos al mundo en ese conjunto (ahora mismo estoy trabajando en ese mapa de poesía venezolana).
  3. Seleccionar e incluir autores que hayan publicado al menos un libro.
  4. Incluir autores con trayectoria.
  5. Incluir autores recientes.

Probablemente, estos criterios cambien, pues, este es un trabajo en construcción. El mapa interactivo debo revisarlo semanalmente, es una labor de monitoreo que debo hacer para incluir autores que me escriben o que me refieren otros autores o lectores, para corregir datos, para eliminar, y así. En este sentido, toda falta que se vea en el mapa pueden señalarla escribiéndome un correo o por mis redes sociales, todas las he atendido hasta la fecha, y han sido muchas. Y yo agradezco esa labor de crítica o revisión que se ha dado, pues, el mapa está destinado a los usuarios.

Con base a tu investigación, ¿Qué hallazgos importantes has conseguido?

Probablemente, el hallazgo más importante que yo observo es el de conocer tantos escritores jóvenes o recién publicados. Me faltan muchos por leer, claro. Pero, digo, conseguir tantos autores jóvenes, en muchas partes, desde Laos o Reino Unido pasando por Brasil hasta Villa de Cura o Maracay, ha sido revelador. Al mismo tiempo, ver que muchos son verdaderamente buenos y que están escribiendo, no sé si contra la tradición venezolana (en exceso localista, al menos), pero alejándose de lo que hasta hace poco seguía imponiéndose. Quizá aquí estén configurándose nuevas estéticas, pero falta tiempo y estudio para saberlo.

También, es amargo reconocer que seguimos conociendo poco y mal nuestra propia literatura. Quiero decir, hay muchos autores, incluso con trabajo de años, que, al menos, en la esfera pública no aparecen, o no tanto. Hay muchos escritores venezolanos trabajando, dentro y fuera del país, que parecieran no existir. Para este fenómeno hay muchas explicaciones, pero el asunto clave, considero que tiene mucho que ver con la crisis de la crítica y de los medios (digitales incluso) en Venezuela, pese al esfuerzo de algunos; pero también ante el funcionamiento actual de la literatura en el mundo, dominado por la velocidad y el consumo, una Venezuela en retroceso rojo tiene pocas posibilidades.

Un asunto muy importante que el mapa me ha dejado apreciar mejor tiene que ver con la presencia significativa de mujeres, y en poesía por supuesto que también ocurre así. No solo me refiero a la cantidad sino a la importancia de la obra de mujeres en la literatura venezolana: Victoria de Stefano, Ana Teresa Torres, Elisa Lerner, María Antonieta Flores, Carmen Verde Arocha, Sonia Chocrón, Yolanda Pantin, Laura Antillano, Carolina Lozada, Kira Kariakin, Eleonora Requena, Enza García Arreaza, Sol Linares, Valenthina Fuentes, Keila Vall de la Ville, Mariana Libertad Suárez, Andrea Sofía Crespo, Raquel Rivas Rojas, Lena Yau, Yanuva León, Liliana Lara, Gisela Kozak, Raquel Abend van Dalen, Dayana Fraile… y me faltan muchas y muy buenas por nombrar. Y no se trata de que yo sea el más feminista, simplemente se trata de no ser estúpido. Afortunadamente, el panorama literario venezolano no es ya de puros hombres ni de la voz solitaria, aunque poderosa, de Teresa de la Parra.

Esos son algunos de los hallazgos que, de momento, resaltaría, pero como ya he dicho, se trata de un trabajo en construcción que apenas comienza.

 

¿Cómo ves la literatura a través de las plataformas digitales y su importancia?

Han pasado apenas tres décadas desde que empezó la Era digital y apenas unos años desde que las plataformas digitales (incluidas las redes sociales) comenzaron a tomar lo espacios importantes para el consumo diario de casi cualquier cosa. Entre esas cosas, la literatura está incluida y de buena manera.

No solo es muy importante y valiosa la presencia de la literatura en los espacios digitales, los que sean, sino que es el lugar donde va a quedarse por mucho tiempo. Y desde el cual, además, traerá más beneficios a la literatura misma. No sé cómo es que hay gente “experta” que se pregunta si ahora se lee más. Y yo digo, pero es que no solo se lee más, sino que se lee mejor, precisamente por el tipo acceso y la experiencia interactiva que brinda lo digital. Y esto lo dice alguien que, cuando la economía lo permite, sigue comprando libros en físico.

Así que, yo veo mejor a la literatura hoy que hace 20 años, por ejemplo, y es que hay más y buenos medios para leer. La verdad es que ya no tienes que comprar un libro para leer buena literatura. Ahora mismo, en mi teléfono tengo, como parte de mi biblioteca, 1153 libros. Y es que desde un teléfono celular puedes leer, descargar, comprar, recibir, compartir, criticar y participar en la realidad literaria universal.

Así que, si usamos la analogía del estado de salud, pues, pese a los eternos problemas de la industria editorial, ni qué decir en Venezuela, hay que reconocer que la literatura hoy goza de buena salud. Los lectores de 2023 tienen más y mejores posibilidades que los lectores de 1990 o 2000, aunque parezca una obviedad decirlo esto es algo que apenas estamos entendiendo. La literatura ahora es otra cosa, más medios para hacerla y para comunicarla. Hay que entender ese cambio, aceptarlo o no es otra cosa.

La crítica o la academia o los institutos de investigación literaria forman parte del funcionamiento de la literatura, ojalá estos espacios comprendan a tiempo lo que está pasando, pues, por ejemplo, la inteligencia artificial les saluda desde una esquina muy cercana. Pero ¿literatura? Sigue habiendo más literatura en un niño bajo las sábanas en su habitación, desde un celular o una Tablet, que en todas la universidades, institutos, premios y concursos que alguien me quieran nombrar.

¿Tienes algún balance sobre el 2022 en cuanto a nuevos autores?

Curiosamente, aprovecho para decirlo, el 2022 me dejó conocer a varios y buenos autores de libros de cuentos, que es algo que en un país de tradición cuentística ahora se suele echar de menos o se desprecia más, no lo sé. Es el caso de Paul Paláez, Yanuva León, Kelvin Brito, Raúl de Armas, Alejandra Banca, Marlon Bruno, Anna Karerina Zambrano y otros que no alcanzo a recordar.

Y así, hay jóvenes novelistas, como Carlos Egaña con Reggaetón (Punto Cero, 2022); dramaturgos, como Samuel Rotter Bechar o Loredana Volpe; poetas como Andrea Sofía Crespo, Nathaniela Montilla, Valenthina Fuentes, Néstor Mendoza, Yanuva León, Enza García Arreaza, Daniel Chacón Aro, Adalber Salas Hernández y otros más que se me siguen escapando.

Para un mejor balance, en mi sitio web está un trabajo que publiqué a principios de este año sobre los libros de Venezuela en 2022. Allí muestro unos 70 libros a través de una línea interactiva en la que los usuarios pueden leer reseñas (hecha por otros), conocer datos de publicación e, incluso, descargar algunos libros de forma gratuita. Este recurso digital está presentado con un artículo en el que propongo mi revisión y mi mirada sobre la triste situación del libro en el país.

En lo personal, ¿Cómo van tus proyectos literarios?

Volvemos al principio de la entrevista, sobre la cuestión de la escritura en este país. Escribir es en sí mismo un drama, pero silencioso, apartado y parece inexistente, y lo es hasta que los lectores se encuentran con esas líneas que serán o no memorables. Yo escribo desde ahí, con el agregado particular del día a día venezolano, cuestión que me permitió entender a qué se refería Blanchot cuando decía que la cotidianidad no puede agarrarse, es algo que se escapa siempre.

Así que no tengo una cosa que pueda llamar proyectos literarios, tengo intenciones y sucesos que acaecen en mí y contra mí, entonces escribo. Casi a diario escribo. Escribía cuentos hasta hace poco, y desde hace poco, pero alguna voz interna, muy buena o muy mala o muy sabia, me ha impedido continuar ahí. Esa misma voz me dijo, de algún modo, que me dedicara a un trabajo más amplio y ahora estoy trabajando en una novela y en un libro de crónicas. Mis cuentos están guardados en una gaveta, no ha llegado el momento de sentir que valga la pena ponerlos a la vista de alguien más. La verdad es que yo no siento que quiera ser escritor, yo solo quiero escribir y, otras veces, la escritura simplemente acaece, quiera yo o no.


Alirio Fernández RodríguezAlirio Fernández Rodríguez (Bejuma, Venezuela 1987). Es humanista digital, profesor, escritor, investigador y editor venezolano. Estudió Educación mención Lengua y Literatura y una maestría en Gerencia Avanzada en Educación, ambas en la Universidad de Carabobo (UC), Valencia, Venezuela. Actualmente cursa la maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar (USB), Caracas. Es profesor en la Universidad de Carabobo. Se dedica a la investigación y creación literarias.

Es editor en la Agencia de producción editorial Gatalejo (Ecuador) y en El diente roto; también es asesor editorial en Revista Perpetuum. Escribe y colabora en medios como: Prodavinci, Papel Literario de El Nacional, Cinco8, Revista Carátula, Revista Casapaís, entre otros.

 

 

Foto de la portada de: Samuel Colmenares.

 

Patricia Chung

@patriciach88


29 de noviembre es el Día del Escritor en Venezuela

 

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