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Antonio Fontana: me encanta incomodar al lector

Antonio Fontana

Antonio Fontana (Málaga, 1964) presenta su novela Sol Poniente y aunque la obra está ambientada en su ciudad natal, de biográfica apenas tiene algunas “sensaciones”. El escritor le contó a QUÉ LEER por qué su libro es “perrito de señora mayor”. No tiene interés en que se conozcan el Antonio periodista con el Antonio escritor. También tuvo palabras de reflexión para Venezuela.

Sol poniente de Antonio Fontana

¿De qué trata Sol Poniente?

Puf, de muchas cosas. De una familia como la mía aunque no sea la mía. De un barrio de Málaga que sí fue el mío: el Perchel, el barrio donde crecí. Trata, también, de una infancia que pudo haber sido la mía pero no lo fue. De los secretos, de la vejez, de la muerte. De todo eso trata. Y de la memoria. Todo mezclado y agitado en una coctelera con forma de novela.

¿Qué representa para ti el haber recibido el Premio Málaga de Novela 2017 en su  XI edición?

Mayor visibilidad. Más lectores. Y que mi libro haya cruzado el Atlántico para llegar a donde también se habla y se piensa en español. Además de un orgullo, porque lleva el nombre de mi ciudad, el Premio Málaga supone, sobre todo, haber tocado el cielo con las manos; y no, no es una metáfora.

Has reconocido que te costó finalizar esta novela, pero que al terminarla te sentiste liberado. Cuéntanos cómo fue esa sensación.

Fue un descanso, un verdadero alivio. Después de convivir durante muchos años con un montón de personajes dentro de mi cabeza, hablando todos a la vez, el momento en el que terminas una novela y ellos por fin se callan es un alivio. El silencio es una liberación.

Abordas en tu novela la homosexualidad, la discapacidad, el encuentro generacional. ¿Qué sensaciones y sentimientos deseas transmitir al lector?

Me encanta incomodar al lector, hacer que se sienta desorientado; que, por un momento, no sepa dónde se encuentra; que pierda pie. Por eso interrumpo la trama de Sol poniente para contar, por ejemplo, la historia de El mago de Oz; o para contar, por seguir poniendo ejemplos, la historia de Lo que el viento se llevó. Con mis libros intento, sobre todo, que el lector sienta algo: un temblor, un escalofrío, un cosquilleo. Busco sacarle una sonrisa; e, incluso, una carcajada. Todo, con tal de que, al terminar de leer, no piense: “Pues vaya”. Todo, con tal de que sienta que el viaje que le propongo merece la pena.

¿Existen aspectos de tu vida que hayas reflejado en Sol Poniente?

Alguno hay. Sobre todo, sensaciones. Como dijo Flaubert, yo soy madame Bovary. Es decir, yo soy el narrador de Sol poniente; pero también soy la abuela del narrador, y las amigas de la abuela del narrador, y el padre y la madre del narrador, y sus hermanos. Yo siento, o he sentido, lo que ellos sienten en la novela. Si no logro sentirlo, seré incapaz de transmitírselo a los lectores. Creo que los escritores somos, en cierto modo, médiums.

Háblanos de por qué ambientaste tu novela en Málaga, tu ciudad natal.

¿Y por qué no habría de hacerlo? ¿Dónde, si no, podría ambientarla mejor? En el barrio donde nací, en las calles en las que crecí, en las que me enamoré por primera vez, en las que me convertí en la persona que soy, el lector que soy, el escritor que soy.

¿Has experimentado el síndrome de la página en blanco?

Sí, pero en esos casos, me voy al cine, de paseo, de copas… y se me pasa en seguida. No quiero vivir la literatura como una obsesión o una imposición. Si las palabras no brotan, será porque no es el momento. Ya llegarán, no hay que forzarlas.

¿Cuál es tu fuente de inspiración?

Bueno, uno sale a la calle y…; o uno abre un cajón, en su casa, y ahí dentro está la inspiración. Todo sirve, todo te inspira. Lo que vives, lo que te cuentan, lo que lees en la prensa. Todo, cualquier cosa; hasta la más insospechada.

Leí la original y personalísima clasificación de libros que haces. ¿Puedes contarnos? Incluso dónde ubicas a tu novela.

¿Mi clasificación? Los libros cornisa o balcón, que se desploman sobre tu cabeza y te envían al hospital. Los libros meteorito, que te desintegran y ya no vuelves a ser la misma persona que eras. Los libros tiburón, que vienen a por ti para despedazarte. Los libros águila, que te elevan y te arrastran hasta una cumbre en la que tienes algo que te falta a pie de calle: perspectiva. Y los libros como el mío, libros perrito de señora mayor, a los que acaricias, confiando en lo graciosos que son y, cuando menos te lo esperas, ¡zas!, te arrancan un dedo. Porque eso es Sol poniente: una trampa. Un perrito asesino. Un libro en el que espero que el lector entre confiado, pensando que es una historia amable, sin saber que, al pasar determinada página, cuando tenga la guardia baja y esté desprevenido, le va a arrancar un dedo. O, al menos, una uña.

Trabajaste en el diario ABC durante treinta años, diecinueve de ellos como coordinador de la sección de libros del suplemento ABC Cultural, donde publicaste críticas, entrevistas y reportajes. ¿En qué te ayudó esa experiencia para ser el escritor de novelas que eres actualmente?

Me dio las armas necesarias para saber moverme por el mundo editorial. De todas formas, el Antonio Fontana periodista no tiene nada que ver, absolutamente nada, con el Antonio Fontana escritor. Son dos personas distintas. En realidad, no se conocen. Ni siquiera han oído hablar la una de la otra. Afortunadamente. Y espero que siga así.

¿Lees autores latinoamericanos? ¿Cuáles son tus favoritos?

Leo literatura, y la leo sin cuotas. Dicho de otra forma: leo libros, a secas. Me da igual la nacionalidad del escritor, su origen, sus raíces. Tampoco me fijo en el género de quien escribe, si es escritor o escritora. ¿Importa mucho? Lo que importa es el resultado final: la historia que ha escrito otra persona y que tú sostienes entre las manos, y a la que le vas dando vida a medida que pasas las páginas y te internas en ella.

¿Qué opinión te merece el que muchos escritores venezolanos hayan emigrado a España para huir de la crisis?

La misma que si quienes huyen y buscan refugio son políticos, empresarios, profesoras, fontaneros o amas de casa. Siento pena. ¿Qué queda de aquella Venezuela que era el cuarto país más rico del mundo? ¿Dónde está y, lo que es peor, por qué ya no está, por qué ya no existe? ¿Y por culpa de quién?

¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?

Una nueva novela, claro. Dentro de muchos años, porque soy un escritor lento. Como decimos en España, más lento que el caballo del malo.

 

Por Patricia Chung 

Fotografía de:  Gabriel Castilla.

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