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Claudia Sierich: (escribir) es una forma sofisticada de vivir

Claudia Sierich

Claudia Sierich nació el 7 de marzo de 1963 es traductora, intérprete de conferencia, poeta.

Estudió en el Colegio Humboldt en Caracas, luego en el Instituto de Lenguas e Interpretación SDI en Múnich, Alemania, y más tarde cursó el Postgrado de Letras y Pensamiento Latinoamericano en la USB, Sartenejas.

Ha recibido reconocimientos como el premio del I Concurso de Poesía de la USB (1999), el premio Autores Inéditos, mención Poesía, de Monte Ávila Editores (2008) y la mención honorífica en Poesía del Premio Municipal de Literatura (2010). Poemas suyos han aparecido en publicaciones periódicas y antologías. Actualmente reside en Berlín.

Claudia Sierich  ha publicado Dicha la dádiva (Editorial Equinoccio, 2007); en el 2008 ganó el Premio del Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, mención poesía por  Imposible de lugar y en el 2015  publica junto a Oscar Todtmann Editores, Sombra de Paraíso.

Libros Claudia Sierich

¿Qué razón lo motiva a escribir?: Ninguna razón en particular. Es imposible, no escribir. Es como la continuación de la conversación, la resonancia con lo otro. Es una forma sofisticada de vivir.

¿Para usted “escribir “es una profesión o un hobby?: Escribir es una forma de vida.

¿Qué es lo más difícil de ser escritor?: Mantener el temple, ser valiente. Ser intelectualmente honesto. Dejar huella válida.

¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?: El que desde niña escribía diario, mientras leía, garabateaba el libro leído, escribía cartas, más tarde las cartas se vertieron en correos electrónicos. Por un lado registro “todo” (lo aprecio en todo el sentido de la palabra). Por otro lado, como ya digo, no dejo que se interrumpa la gran conversación del borroso nosotros. Siempre fui “escritora” – tal vez escribiente –  bien antes de aspirar a publicar. La tardía decisión de publicar se da, cuando me exijo “rendir cuentas” y responsabilizarme de lo que (allí) hago.

¿Cuál es su género favorito para escribir?: pensamiento y poesía.

¿Tiene alguna rutina para sentarse a escribir?: No. Tal vez levantarme todo el tiempo de donde me siento a escribir : porque, mientras escribo, de súbito se me ocurre una receta y la preparo y vuelvo de la cocina a seguir escribiendo y pum, a levantarme de nuevo a cariñar mis plantas y ver mi escuelita de ají dulce y volver al escritorio…. escribo directo a la computadora. Pero tengo colecciones de notas y garabatos repartidos por todas partes (ideas que atrapo mientras hago otra cosa), que luego recojo, colecciono e inserto en una enciclopedia o inventario de lo que tal vez será… un día, otro libro.

¿Tiene alguna musa de inspiración?: Me inspira vivir. Conversar. Y me inspiran los largos y breves silencios que se generan entre uno y otro fragmento de vida. Sobre todo me inspiran las extensas y desordenadas lecturas de los más diversos géneros: son mi “musa”.

¿Cuáles autores lo inspiraron para escribir?: Heinrich von Kleist, José Rafael Pocaterra, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Rainer Maria Rilke, Roberto Juarroz, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Thomas Mann, Theodor Fontane, Fernando Sabater, José Lezama Lima, Marcel Proust…

Las intensas lecturas en diversas etapas de estos y varios otros autores  han informado mi ánimo, mi psique verbal, y mi escritura. No me inspiraron para sentarme a escribir.

Recuerda con cuál libro se inició en la lectura: Claro. Un día en primer grado me aburría horrores, porque se balbuceaban sílabas en clases, para aprender a leer. No tengo idea por qué yo ya sabía hacerlo. El maestro me dio una llave (de hierro forjado, de las viejas)  para el armario al fondo del salón de clases (madera vieja, cristales resguardando pocos anaqueles) y que escogiera algo para leer (y lo deje tranquilo con mis preguntas e impertinencias, lo deje impartir sus clases). Escogí Der kleine Wassermann (El pequeño hombre del agua) de Otfried Preussler y me lo leí de un tiro. El maestro me regaló el ejemplar, lo conservo.  Está lleno de besos de hongos tropicales, color ocre.

Iniciarse en la lectura no coincide necesariamente con el inicio absoluto del contacto con experiencias estéticas, poéticas o filosóficas: al llegar a primaria, llevaba mi carga de conciertos de Mahler y canto lírico (Dietrich Fischer Dieskau en Lieder eines fahrenden Gesellen), de Oratorios de Johann Sebastian Bach – con sus textos de la Biblia… etc.

¿Cuál fue el libro qué dejó una huella en ud?

El llano en llamas de Juan Rulfo. Definitivamente.

Distintos poemarios de Alejandra Pizarnik, por ejemplo.

La novela José y sus hermanos de Thomas Mann, por ejemplo.

Der Besuch der alten Dame (La visita de la anciana dama) de Friedrich Dürrenmatt, por haberlo leído como un libro prohibido para menores de edad… a escondidas. Me interesó y gustó mucho. No olvido la lectura.

Y por ahora – para siempre: la Poesía Vertical de Roberto Juarroz.

¿Cuál personaje o pareja de la literatura lo marcó?: José de la gran novela de Thomas Mann.

¿De sus obras cuál ha sido la que más ha disfrutado escribir?: Cada vez disfruto más. La primera: no la escribí como tal, sino que recolecté lo que había, arremolinado, por todas partes en mi vida (diario, correos electrónicos, algunos poemas escritos sobre hojas sueltas.) Luego pues, en un orden intentando, armé el poemario Dicha la dádiva lo escribí en tres meses en un trance inacabable, fue una experiencia volcánica y no planifiqué el asunto. Fueron de los meses más felices de mi vida. Sombra de Paraíso, en cambio, es concebida en Venezuela y escrita en Berlín, como proyecto de escritura. Con investigación, exploración, colección, fecha de entrega. Cada libro fue escrito en otro escritorio, en otra casa.

¿Cuál autor venezolano actual recomienda leer?: Depende del interés que cada quien tenga. A Michele Ascencio, a Ana Teresa Torres. Por otra parte: por favor: toda la poesía de Igor Barreto. Recomiendo leer los cuentos de Pocaterra (no se diga que no es actual). Salvador Garmendia y a Suniaga (La otra isla, por ej.). Y leer la poesía de Eugenio Montejo. Demás está decir que, quien no lo haya hecho aún, debe leer a Rafael Cadenas, para saber, de qué estamos hablando.

¿Qué libro no pudo terminar de leer? 2666 de Roberto Bolaños. No lo soporté. Literalmente tiré el libro. Tal vez otro día.

Una palabra fea: magnicidio

Una palabra bonita: paraulata, ámbar…

Un libro para soñar: Seda de Alessandro Baricco

Un libro para no leer: El que te eche a perder el tiempo, el libro engreído, pantalla, mentiroso, el libro demasiado interesado en ser leído.

Un libro para leer en el baño: ninguno: de papel, pantallas ya tengo muchas en el día a día, cuando leo de trabajo.

Entrevista publicada originalmente el 23 de noviembre de 2015

 

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