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Gustavo López Ramírez: hay que renegar del mesianismo y del caudillismo

Gustavo López Ramírez

Los dormidos y los muertos es la primera novela de Gustavo López Ramírez, anestesiólogo colombiano que ha demostrado su pasión por escribir con un libro homenaje a las víctimas de la violencia en su país durante los años 40 y 50.

En entrevista a Qué Leer  nos contó sobre su admiración por las mujeres y cómo “no hemos aprendido a construir la imagen del otro”. Además se refirió el fanatismo y el populismo como  prácticas que coexisten en nuestras sociedades. También afirmó que la izquierda se termina convirtiendo en lo que tanto critica.

Los dormidos y los muertos de Gustavo López Ramírez

¿Cómo fue tu proceso de investigación para escribir Los dormidos y los muertos?

A partir de la idea central: hacer una novela sobre la violencia de los 40 y 50 desde la provincia hasta el centro, comencé por revisar el libro fundacional de los estudios sobre ese periodo, La violencia en Colombia de Monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals y Eduardo Umaña. Después encontré un libro sobre Laureano, escrito por un historiador norteamericano, James Henderson, La modernidad en Colombia, los años de Laureano Gómez.

También repasé la novela de la violencia, especialmente los libros de época como Viento Seco de Daniel Caicedo y El día del odio de José Antonio Osorio. Para los capítulos finales todo lo que hubiera sobre Camilo Torres, desde Joe Broderick hasta La guerrilla por dentro de Jaime Arenas.

¿Por qué recordar episodios de violencia de los años 50 entre liberales y conservadores en la historia colombiana?

Porque, desde mi punto de vista, el tema no se ha agotado y ha sido digamos, subsumido en la violencia posterior, la del conflicto y la de los narcos. Sin embargo, es imposible entender los últimos 50 años de guerra en Colombia, sin entender cabalmente de dónde provino esta última oleada. Como dice Martha Lucía Ronderos, las nuestras son “guerras recicladas”.

¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en tu novela Los dormidos y los muertos?

Toda la historia al ser narrada implica un componente de ficción. La “verdad verdadera” es elusiva, es imposible de aprehender y mientras más pasa el tiempo, como las evidencias forenses, tiende a difuminarse y a transformarse en leyenda. Eso sucede en la novela histórica. De todos modos, la novela histórica, como lo propone Juan Gabriel Vásquez, es distorsión deliberada. Es decir, no es ni ficción total ni historiografía plena. Cuánto hay de ficción y cuanto de realidad es un asunto que se propone, si se quiere, como un juego de equívocos sobre el lector. Sin embargo, debo decirlo francamente, lo que hay de real en la novela está investigado hasta en sus mínimos detalles.

¿Quiénes son los dormidos y quiénes los muertos?

Los muertos fueron como 250.000 que esa guerra brutal, no declarada, dejó regados por las veredas de Colombia. Los dormidos somos todos que nunca fuimos ni somos conscientes del daño que esa guerra dejó. Las elites hicieron un pacto de silencio sobre ese periodo y creyeron que al firmar el acuerdo del Frente Nacional habría borrón y cuenta nueva. Las victimas nos piden no olvidar su historia desgarrada. Esta novela se trató de escribir desde el punto de vista de las víctimas. Espero haberlo logrado.


Reseña “Los dormidos y los muertos” de Gustavo López Ramírez

Cuéntanos las similitudes entre la familia Almanza y tu propia familia.

Mi papá era peluquero y laureanista como Deogracias Almanza. La mía también era una familia numerosa y vivía pendiente de las noticias que desgranaba hora a hora el noticiero radial, el Repórter Esso y por esa razón, también, la radio se siente como una presencia permanente en la novela tanto en los debates parlamentarios como en las radionovelas como El derecho de nacer. También, como la familia Almanza, los hijos menores decidimos romper con los partidos tradicionales y su herencia de odio y nos afiliamos a las nuevas militancias de la izquierda.

Escribir esta novela es como ¿exorcizar la nostalgia?

Creo que fue Vargas Llosa el que dijo que uno escribe para exorcizar sus demonios. Es verdad, pero también hay un mecanismo de desplazamiento de pulsiones reprimidas hacia la rememoración de hechos del pasado, no como forma de la nostalgia, sino como racionalización de recuerdos traumáticos o problemáticos de otras épocas. O, como dice Ajmatova: “Escribo para sentir un vínculo con el tiempo”. O, en fin, como suelta Tabucchi: “escribo porque estoy aquí pero querría estar allí” O sea si, vivo el ahora, pero con un ojo puesto nostálgicamente en el pasado.

¿Consideras que en tu novela hay una reflexión sobre el machismo, me refiero a la figura patriarcal de Deogracias y una esposa, Adelaida que se rebela ante las imposiciones?

Más que todo hay una búsqueda de los mecanismos del patriarcado, de cómo instituciones como el estado, la iglesia, la prensa, la familia misma, se encargaron de imponerlo y sostenerlo, pero también es una reflexión de cómo las mujeres se han rebelado contra esa institucionalidad y de cómo su lucha se ha ido volviendo sistémica y cómo han logrado erosionar los mecanismos patriarcales de un modo u otro. También es un homenaje sentido a la mujer, a la madre que saca adelante su familia sin concesiones a la política o a la religión. A su sacrificio infinito por los hijos. Ellas también han sido víctimas de exclusión, violencias fácticas y soterradas y yo por ellas siento profunda admiración. Por eso insisto tanto en darles voz y protagonismo.

Explícanos sobre los dos personajes, uno con el que abres y otro con el que cierras la novela, Laureano Gómez y Camilo Torres. ¿Por qué fueron tan importantes qué los relaciona?

La novela  abre con la muerte de Laureano Gómez en su lecho de enfermo en julio de 1965 y  cierra con la muerte violenta de Camilo Torres en febrero de 1966. Entre estas dos muertes hay apenas siete meses de diferencia y, sin embargo, ellas reflejan dos países muy distintos: el país señorial de Gómez y la república compleja y rebelde de Camilo. Laureano representaba un proyecto católico y ultramontano que pretendía erradicar de la faz de la tierra el comunismo, el liberalismo, en fin, el Monstruo era enemigo acérrimo de la modernidad. Camilo Torres a su vez, abrazó el discurso contestatario con pasión radical y tomó el camino de las armas muy pronto abandonando la construcción del movimiento  político que estaba en ciernes: el Frente Unido; ahí se expresa una de las formas de la polaridad entre las cuales nos hemos movido como nación y que ha impedido de cierta manera el que hayamos podido construir un modelo de país más tolerante, más dialogante. Esos antagonismos, esos extremismos son una representación dramática de nuestra identidad nacional.

Has dicho: Somos frutos de nuestras contradicciones no resueltas. Personalmente ¿cuáles son las contradicciones que te quitan el sueño?

Quitarme el sueño, no tanto. Como los dormidos, apenas siento algunos sobresaltos. Hablando seriamente, creo que las contradicciones en el seno de nuestra sociedad han sido mal tramitadas por nosotros mismos, de arriba hacia abajo. La inequidad, por ejemplo, no es un problema que desvele a las élites. La forma de solucionar las diferencias políticas tampoco: uno los ve azuzando viejos odios y llamando a la supresión del otro. Por cierto, ese es un problema que para mí es central en nuestro devenir social, el problema del otro: nuestra relación con los otros y la forma de dirimir desencuentros. No hemos aprendido a construir la imagen del otro. Por eso, nuestras contradicciones se dirimen en lo factico, suprimiéndolo, eliminándolo.

¿Qué se puede aprender de la historia sociopolítica de Colombia? ¿Hay alguna enseñanza para Latinoamérica?

No soy muy amigo de las teorizaciones políticas; creo que un escritor debe dejar que su obra hable por él (o por ella). Sin embargo, ya que lo pregunta, creo que se necesita que la teoría y la práctica social se integren. La izquierda teoriza mucho y a la hora de ejercer poder se comporta del mismo modo que la elite rancia y corrupta. Así no hay nada que hacer. También se requiere que la gente del común se empodere de sus derechos y reclame de abajo hacia arriba, sin intermediación de los políticos tanto de derecha como de izquierda. Finalmente, hay que renegar del mesianismo y del caudillismo. La historia presente muestra que esas figuras han sido fatales para nosotros.

Viendo el personaje de Deogracias. ¿Cuál es tu opinión sobre el fanatismo político y los regímenes populistas en Latinoamérica?

Creo que el fanatismo es una práctica irracional, fruto precisamente del caudillismo al que hemos sido tan dados por estos lares. Afortunadamente se ve que la educación y la emergencia y empoderamiento de sectores de la sociedad que antes estaban al margen como las mujeres, que tienden a ser más tolerantes e inclusivas, va erradicando de a poco estas prácticas propias de épocas nefandas. En cambio, el populismo si es más difícil de erradicar porque subsistirá en tanto la democracia y sus prácticas estén siendo erosionadas por la posverdad, el neoconservadurismo y la banalización del ejercicio político.

¿Cuál es tu mejor momento para escribir?

Yo trabajo mucho. Me toca para poder vivir. Son muy pocos, realmente los que viven de la literatura. Yo soy anestesiólogo y hago turnos. Entonces, escribo cuando puedo. Sin embargo, he aprendido a escribir en las madrugadas, cuando estoy más despejado y hace frio. Me tomo dos pocillos de café cargado y me siento frente al computador. A veces los fines  de semana escribo de corrido, pero principalmente entre 4 y 7 de la mañana es el tiempo que tengo para dedicarle a la escritura.

¿Tienes algún próximo proyecto literario para este 2019?

Ahora estoy trabajando en un libro de cuentos. Creo que me va bien escribiendo cuentos aunque la experiencia de la novela como carrera de fondo ha sido muy aleccionadora para mí. Por eso, después cuando acabe voy a intentar otra novela y espero que tenga que ver con lo que hago en el día a día, la medicina.


Gustavo López Ramírez nació en Aranzazu, en el departamento de Caldas. Cuando tenía 4 años su padre se trasladó a Manizales para facilitar la educación de sus 12 hijos.

Estudió el bachillerato en el Instituto Universitario y después Medicina en la Universidad de Caldas. Se especializó en Anestesiología en la Universidad del Valle y volvió a Manizales donde trabaja en su especialidad.

En 2011 ganó el concurso de cuento de la Cámara de Comercio de Medellín con De cómo Johny el leproso se anticipó a la muerte. En 2018 Rey Naranjo publicó su primera novela Los dormidos y los muertos. Vive en Manizales con Diego, su pareja,  y sus dos gatas, Lilith y la Chicunguña.

Patricia Chung

 

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