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Jorge Gómez Jiménez: la literatura, como la vida, les niega el éxito a los débiles

Jorge Gómez Jiménez

Jorge Gómez Jiménez es escritor y editor de la revista literaria Letralia creada hace 22 años. En entrevista a Qué Leer contó las satisfacciones que le ha dado  un producto en el que tienen cabida  los escritores de España y Latinoamérica. Su edición del aniversario número 22, Exilios y otros desarraigos, tuvo una amplia participación.

Jorge Gómez Jiménez se refirió además a la constante evolución del movimiento literario venezolano. También habló sobre el reto de conseguir recursos económicos para mantener esta publicación.  Señaló  que pronto anunciarán nuevos proyectos para el beneplácito de los letralianos que ya se cuentan por miles.

Son 22 años. ¿Cuál es tu balance? ¿Qué ha sido lo más difícil y lo más fácil en este emprendimiento literario?

En veintidós años hemos publicado textos de más de 3.400 autores y ese dato, por sí solo, ya da una idea de lo positivo del balance. Letralia se ha convertido en una de las más importantes publicaciones literarias de habla hispana; es además una de las más longevas y en su universo se congregan no sólo escritores de España y Latinoamérica, sino incluso de países en los que el español no pasa de ser una rareza cultural. Con los años dejó de ser únicamente una revista y pasamos a publicar libros digitales, traducciones literarias y otros materiales. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, me cuesta pensar en algo que haya sido fácil. Todo ha sido difícil; todo lo es. Cada día en la vida de Letralia es un reto, y así ha sido siempre desde sus inicios como una humilde publicación que se distribuía sólo por correo electrónico. Creo que lo más difícil en este momento es conseguir los fondos para seguir produciendo la revista. Pero es que además siempre hay problemas tecnológicos que resolver, cientos de textos que revisar, montones de correos que responder. Hacer Letralia es un gusto, pero es un gusto complejo.

¿Cómo surge en ti esta idea? ¿Cuál es el objetivo primordial de Letralia?

En 1995 empecé a usar Internet en una forma bastante rudimentaria. Yo soy de Cagua, pequeña ciudad del estado Aragua; en el interior de Venezuela era muy difícil acceder al servicio en esa época, había pocas empresas de comunicaciones y lo ofrecían a precios muy altos —era un lujo—, y los mismos gastos telefónicos eran inmensos pues había que conectarse mediante llamadas a Caracas, a cien kilómetros de distancia. Mi cuenta de Internet sólo me permitía acceder al correo electrónico y, como mi principal interés era leer lo que estaban escribiendo otros autores en español que fueran igual de desconocidos que yo, pasé semanas buscando alguna publicación literaria en español que se distribuyera por correo electrónico, pues había ya varias en la Web pero, como ya dije, con el servicio que tenía contratado no podía navegar. En esa época, por otro lado, encontré muchas publicaciones literarias por correo electrónico en inglés y otros idiomas, pero no conseguí ninguna en español. Así que en febrero de 1996 decidí crear la primera y así nació Letralia el 20 de mayo de ese año. El objetivo ha sido siempre, desde el principio, difundir la obra de los escritores de habla hispana. Publicar siempre ha sido difícil, lo era —y mucho— en 1996, pero la red se me apareció entonces como el medio ideal para divulgar el trabajo de los escritores desconocidos, los que no aparecían en los grandes suplementos literarios impresos, los olvidados de las editoriales.

¿Cuál es el origen del nombre?

Quería construir la revista en torno a un concepto básico: una tierra literaria, una tierra común en la que se encontraran escritores y lectores. Además, necesitaba una palabra, una única palabra que dijera ese concepto. Esa palabra no existe, así que la inventé: Letralia. La terminación latina -alia significa “tierra donde se produce algo”; por ejemplo, el nombre Italia proviene del vocablo antiguo Vidalia, que no es otra cosa que “tierra donde se produce la vid”. La palabra que buscaba, entonces, tenía que ser Letralia: tierra donde se producen las letras. Por eso el nombre completo de la revista es Letralia, Tierra de Letras. A partir de allí, todo el desarrollo de Letralia ha sido una metáfora de un país de letras, una suerte de geografía literaria en la que discurren las diversas secciones del portal: Ciudad Letralia, el espacio de firmas exclusivas de la revista, es “la metrópolis de las letras”; la sección de traducción literaria se llama TransLetralia; Fotán es “el valle de la fotografía”. Y los autores y lectores de la revista tienen hasta un gentilicio: son letralianos.

Coméntanos sobre la edición aniversario y el tema del exilio y el desarraigo. ¿Tuviste muchas colaboraciones?

Cada año Letralia publica una edición aniversaria con un tema específico. Hemos publicado ediciones sobre literatura policial, sobre libertad de expresión, sobre la transformación del mundo impreso al digital, sobre la adolescencia; incluso una sobre la ebriedad en la literatura, cuando la revista cumplió su mayoría de edad en 2014. Este año, con el éxodo masivo que está desangrando a la familia venezolana, pensamos que este sería el tema más idóneo; es un tema, además, que ha afectado a muchas sociedades desde el principio de los tiempos. Y creo que no nos equivocamos: llegaron textos de más de cien autores, de los que terminamos publicando 62. Como es un tema muy sensible para los venezolanos en este particular momento histórico, fue esta la representación más abultada, con veintiocho firmas. Exilios y otros desarraigos se puede leer en línea o descargar en formato PDF.

Exilios y otros desarraigos por Jorge Gómez Jiménez

¿Qué coincidencias y diferencias encuentras en los textos que les enviaron?

El principal elemento en común es la profunda tristeza que embarga a quien se ve obligado a dejar su tierra por causas políticas, sociales, bélicas u otras. Quien atraviesa el umbral del exilio parte hacia lo desconocido y tiene siempre sobre sí la terrible espada de Damocles de la posibilidad del fracaso, que no en pocas ocasiones puede significar incluso la muerte. Esta circunstancia trágica, aunada a la nostalgia, a la conciencia de que tras el exilio uno se queda sin raíces, se ve reflejada en el libro. Con todo, algunos de los textos tocaron el tema desde la óptica del humor, algo que se agradece y que le dio mucha variedad y vistosidad al producto final. Hay entre los textos diferencias que tienen que ver más con la realidad de quien escribe, pero si se lee el libro completo da vértigo ver lo mucho que se parecen los diferentes exilios a los que se han enfrentado los pueblos del mundo. Nos pone a pensar en una realidad aterradora: si la historia tiende a repetirse es porque los seres humanos no aprendemos.

¿Cómo ves el movimiento literario en Venezuela? En cuanto a calidad y cantidad.

La literatura siempre ha sido un universo pequeño, limitado, de las sociedades. Siempre está amenazada, siempre está acorralada. Y sin embargo es una de las fuerzas que mueven el mundo: no es posible concebir nuestro presente sin la literatura, sin las artes, sin el trabajo intelectual. Ahora bien, si la literatura enfrenta dificultades en todo momento y en todo ámbito, en nuestro país esas dificultades se sobredimensionan dada nuestra situación general. En cualquier país del mundo es difícil publicar; pues bien, aquí es una labor titánica. Aun así tenemos un movimiento literario vigoroso, creativo, con ganas de inventar vías para saltar cualquier obstáculo, con editoriales y concursos y otras iniciativas que, contra todo pronóstico, surgen y se desarrollan aquí y allá. Es además un movimiento que se renueva constantemente, con firmas emergentes cada año, lo cual es muy saludable. La calidad es desigual, claro, y si bien en el universo general los materiales que pasan una mirada minuciosa son un porcentaje reducido, es natural que sea así; así es en todas partes. Sí considero preocupante que la crisis actual ha hecho mucho más ancha la brecha entre Caracas y la provincia. Funcionan como dos mundos separados con la capital concentrando esfuerzos e iniciativas.

Ante la crisis que se vive en el país, Letralia es una opción para los escritores, incluso tienes una editorial virtual. ¿Cómo funciona?

En 1997, cuando Letralia cumplió su primer año, creamos Editorial Letralia para publicar textos que por su extensión no cabían en la revista. Desde entonces hemos publicado más de setenta títulos. Escogemos los libros a publicar de entre los que nos envían los autores y nos encargamos de la corrección, el diseño y la promoción en redes sociales y otros medios. Se publican con acceso gratuito y, al menos por ahora, en formato PDF. Aunque en los últimos años se ha reducido bastante nuestra capacidad para publicar libros, estamos trabajando en un plan para darle mayor fuerza a este trabajo.

Letralia se puede medir en números. ¿A cuántos seguidores llegan, y cuántos autores han publicado?

La Tierra de Letras es visitada cada mes por un promedio de 50.000 usuarios que ven unas 120.000 páginas. Los países de los que provienen son México, Venezuela, España, Colombia, Argentina y otros, en ese orden si consideramos como parámetro los números desde enero de 2017 hasta hoy. Tenemos más de 50.000 seguidores en Twitter, más de 13.000 en Facebook y alrededor de 15.000 por correo electrónico. Creamos hace poco nuestro perfil en Instagram y ya tenemos más de 1.200 seguidores en esa red. Y aunque ya mencioné una cifra aproximada de autores publicados, la cifra exacta es de 3.422.

¿Quiénes conforman el equipo humano de Letralia?

Nuestro consejo editorial, que decide los autores que se publicarán en la revista, está compuesto por los escritores Manuel Cabesa, Wilfredo Carrizales, Iaír Menachem, Ángel Montesino, Carmen Elena Pérez y Miguel Rodríguez Vergara, además de mí. La periodista Arianne Cuárez se encarga de las redes sociales y del desarrollo de ciertos proyectos que divulgaremos en su momento. Tenemos algunos colaboradores especiales, como la escritora venezolana Gabriela Rosas que mantiene una sección de jóvenes poetas venezolanos, o el escritor mexicano Fernando Salazar Torres, que selecciona material poético de autores mexicanos y de otros países. Hay también muchas otras personas que colaboran ocasionalmente con tareas que no podemos cubrir nosotros. En la mayoría de los aspectos técnicos contamos con los servicios de una empresa española en la que tenemos alojado el servidor. En lo que a mí respecta, además de dirigir este equipo me encargo de la corrección y el diseño, así como de la atención de los autores a través del correo electrónico y otras vías.

¿Cómo se sostiene económicamente Letralia?

Como ya dije antes, este es uno de los temas que encierran mayores dificultades. Tenemos ingresos por publicidad, y hay personas que colaboran con donativos. Sin embargo los fondos que conseguimos por estas vías son insuficientes y desde hace algunos años ofrecemos servicios profesionales, como asesorías en edición y corrección de textos, un servicio este para el cual creamos una página, correcciondetextos.org.

En lo personal, quisiera saber si no te ha tentado la idea de irte a otro país y desarrollar tu trabajo en otras latitudes.

Supongo que todos lo hemos pensado, más ahora que las cosas en Venezuela se han puesto tan difíciles. No lo he considerado tan en firme, si bien es cierto que los problemas del país nos van cercando cada día más. La nuestra es una crisis que, más que económica o política, es humana. Solemos pensar que nuestros problemas se acabarán si logramos apartar del gobierno las diversas e intrincadas capas de corrupción que lo dirigen, algo que en efecto es el principal escollo para que se inicie el proceso de reconstrucción de Venezuela. Creo, sin embargo, que nuestra situación es más compleja. Son demasiados años de envilecimiento y deterioro. Estoy convencido de que el trabajo de cada uno de los que nos hemos quedado en el país es una contribución, pero ignoro si será suficiente.

¿Cómo motivar a los escritores jóvenes que quieren aprender, pero no ven futuro en Venezuela?

El escritor funciona por pulsiones interiores que son moldeadas día a día por el entorno. Es un oficio cuyo dominio tiene un costo: no sólo hay que escribir mucho, más importante es leer mucho. Esa es la base de todo. Ahora bien, si la situación del país te agobia, hay sólo dos cosas que puedes hacer: aprender a vivir aquí o largarte. En el primer caso tendrás que sortear muchos obstáculos para desarrollar tu carrera como escritor; en el segundo tendrás obstáculos similares y además tendrás que reinventarte, pues el exilio siempre obliga a reinventarse. Ante cualquiera de estas dos vías, el escritor tiene que estar consciente de que para él la literatura tiene que estar en un espacio aparte, un espacio paralelo a las vicisitudes que nos presenta el mundo, aunque jamás desconectado de ellas. No creo en “motivar” a nadie; si no te sientes motivado a escribir, quizás no sirvas para esto. La literatura, como la vida, les niega el éxito a los débiles.


Jorge Gómez Jiménez

Escritor venezolano (Cagua, Aragua, 1971). Edita desde 1996 la revista literaria Letralia, Tierra de Letras. Ha publicado los libros de cuentos Dios y otros mitos (Venezuela, 1993) y Uno o dos de tus gestos (Venezuela, 2018), las novelas cortas Los títeres (España, 1999) y Juez en el invierno (Venezuela, 2014), la antología Próximos (narrativa venezolana, bilingüe chino-español; China, 2006), la novela El rastro (Argentina, 2009) y el poemario Mar baldío (Caracas, 2013), además de haber sido incluido en diversas antologías dentro y fuera de Venezuela. Entre otros reconocimientos, ha sido ganador del X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela (Venezuela, 2002) y del Premio Nacional de Minicuento “Los Desiertos del Ángel” (Venezuela, 2012). Su revista Letralia obtuvo el Premio Nacional del Libro (Venezuela, 2007) y ha sido en dos ocasiones finalista, y una vez mención honorífica, en los premios Stockholm Challenge (Suecia; 2006, 2008, 2010). Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, catalán, esloveno y chino.

Por Patricia Chung 

Fotografía de: César Chiquito

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