José Luis Fernández Juan: «Este ficcionario es un reflejo fiel de la fusión entre las palabras y la realidad»

El escritor español José Luis Fernández Juan revoluciona, otra vez, el lenguaje con su nuevo libro, El segundo diccionario de JLFJ. En esta obra, el autor presenta un compendio de palabras nuevas, creadas a partir de la combinación, la transformación o la distorsión de palabras ya existentes.

José Luis Fernández Juan es filólogo, lírico y novelista que se caracteriza por su creatividad y su ingenio. En sus obras, explora el potencial del lenguaje para crear nuevos significados y emociones. En El segundo diccionario de JLFJ, el autor se propone desafiar las convenciones del lenguaje y ampliar los límites de la expresión.

En esta entrevista, Fernández Juan nos habla sobre su nuevo libro, su proceso creativo y su visión del lenguaje.

Reseña de “El segundo diccionario”, de JLFJ

  • ¿Cuál fue la inspiración detrás de la creación de El Segundo diccionario de JLFJ  con más palabras nuevas de manera lúdica y creativa?

La inspiración inicial nació un día de tormenta eléctrica veraneando en Guarromán (Jaén), mientras leía A spaniard in the works del escritor John Lennon. Dejándome llevar por sus magnéticos juegos de palabras, me imaginé que las consonantes bailaban salsa con las vocales y los gerundios eran acróbatas en trapecios gramaticales.

La inspiración para el Ficcionario surgió de la necesidad de dotar al universo lingüístico de un toque de locura encantadora. Fue como si el duende literario de Lennon me hubiera lanzado confetis de sinónimos desde el cielo de las metáforas y me hubiera susurrado en lenguaje arcaico: «¡Haz que palabras con insólitas definiciones sean una fiesta eterna!»

En una reunión cósmica de neologismos, las ideas se enamoraron en un torbellino de sinestesias, dando a luz a un diccionario donde las palabras no solo describen, sino que también juegan al escondite con la lógica y se disfrazan de poesía.

Un día nació Multiplicanción, otro día nació Spachorrarse…. Cada día nacía una nueva palabra; a veces, incluso más de una.

«Vamos a explorar territorios inexplorados del léxico» –me sugerían las propias nuevas palabras. Y así, entre risas de grafías y rimas de verbos, nació el Ficcionario; un jardín de palabras exóticas que crecen en la tierra fértil de la fantasía, regadas con la lluvia de la creatividad y alimentadas con el sol radiante de la absurdidad iluminada.

¿Por qué conformarse con la monotonía léxica cuando puedes sumergirte en un gaudeamus etimológico de dimensiones desconocidas? Principio del formulario

  • ¿Cómo abordaste el desafío de inventar nuevas palabras mientras mantienes la coherencia con las convenciones lingüísticas existentes?

El arte intrépido de dar a luz a palabras risueñas en el Ficcionario lo abordé como si fuera una travesía lingüística digna de ser narrada por un delfín poeta en una noche estrellada de vocablos brillantes.

Me imaginaba como un malabarista de la lengua, equilibrando sílabas en una cuerda floja de fonemas, con un sombrero de sinónimos extravagantes y zapatos de ironía bien pulidos.

Emprendí el desafío con la gracia de un pingüino bailarín en un iceberg resbaladizo. Primero, realicé una danza fonética con las consonantes y las vocales, permitiendo que su romance lingüístico diera a luz a criaturas sonoras nunca antes escuchadas.

Después, me sumergí en las aguas profundas de la etimología, buscando raíces en el jardín de las palabras existentes y trasplantándolas a tierras inexploradas de significados traviesos. Y así iban surgiendo las palabras; una detrás de otra.

Fue como dirigir una orquesta de neologismos y nuevas acepciones de palabras ya existentes, donde los adjetivos tocaban la trompeta de la creatividad y los adverbios bailaban pop surrealista con las interjecciones. Las aliteraciones eran mi brújula, y las analogías eran las estrellas que guiaban mi travesía léxica por el cosmos de la invención verbal.

Mantener la coherencia fue como ser el capitán de un barco de palabras, asegurándome de que cada neologismo tuviera su propio pasaporte gramatical y un visado de sentido que le permitiera entrar en el universo coherente del Ficcionario.

Las reglas gramaticales eran como las leyes de la física en este divertido experimento lingüístico, y yo era el malabarista que desafiaba la gravedad sintáctica.

Abordé el desafío con la alegría de un payaso fonético en un circo de diccionarios, haciendo piruetas con las letras y jugando a las escondidas con las convenciones lingüísticas; todo mientras mantenía una sonrisa en el rostro de la gramática.

José Luis Fernández Juan

  • ¿Consideras que la creatividad en el lenguaje es una herramienta poderosa para la expresión y la comunicación?

La creatividad en el lenguaje es como un fuego ilusionista que enciende las sinapsis cerebrales y convierte las conversaciones en un carnaval de ludismo y giros gramaticales.

El diccionario es un jardín y las palabras son flores que proyectan nuevas fragancias de significados. Ahí, en ese escenario floral, la creatividad es la abeja intrépida que poliniza las ideas y da vida a una naturaleza lingüística inédita.

La creatividad en el lenguaje es como tener un dragón alado en tu vocabulario, capaz de surcar cielos de expresión inexplorados y escupir fuegos artificiales de ingenio. Es el pincel mágico que convierte las conversaciones en lienzos surrealistas, donde las palabras son trazos de colores vibrantes que pintan el retrato único de cada pensamiento.

Las oraciones son acróbatas en un circo semántico, haciendo piruetas y contorsiones gramaticales que desafían las leyes de la comunicación convencional. La creatividad en el lenguaje es como un GPS en una carretera de palabras, pero en lugar de señales aburridas, te guía a través de atajos inesperados y paisajes lingüísticos deslumbrantes.

Es como tener un armario lleno de trajes verbales, donde puedes elegir entre la capa de la ironía, los zapatos de la hipérbole o el sombrero de la personificación, según tu estado de ánimo expresivo del día. La creatividad en el lenguaje es el juego de ajedrez de las palabras, donde cada movimiento estratégico crea un universo semántico único y cautivador.

En conclusión, la creatividad en el lenguaje no es solo una herramienta poderosa, ¡es el hechizo encantador que convierte las palabras en poesía, las frases en canciones pop y las conversaciones en viajes mágicos por el vasto paisaje de la expresión humana!

  • ¿Cómo seleccionaste las palabras que incluirías en tu diccionario? ¿Hubo algún criterio específico que seguiste?

La odisea épica de seleccionar las palabras para El segundo diccionario de JLFJ resultó una aventura digna de ser contada en versos rimados por un cuervo poeta en un bosque de sinónimos resplandecientes. Seleccionaba palabras con la lupa de la extravagancia, explorando el vasto territorio del idioma en busca de tesoros verbales escondidos.

Mi proceso fue tan meticuloso como enseñar prestidigitación a un pulpo, pero con un toque de caos ordenado. Para iniciar, me sumergí en el océano de las palabras existentes, buceando con aletas de curiosidad y buscando conchas de significado que resonaran con la frescura de lo inusual. Fue como ser un arqueólogo lingüístico, excavando en las capas del diccionario como si fueran estratos arqueológicos de la expresión humana.

Mi brújula en este viaje fue la locura controlada y el sentido del humor gramatical. Busqué palabras que bailaran en la cuerda floja entre lo absurdo y lo ingenioso, que hicieran funambulismo con la lógica y se burlaran amablemente de las convenciones lingüísticas.

No era simplemente seleccionar palabras, sino criar un zoológico léxico donde los determinantes jugaban al escondite con los pronombres y las preposiciones eran acróbatas en el circo de la expresión.

Hubo un criterio secreto, como un código de acceso a un club exclusivo de palabras divertidas. Las elegidas tenían que tener ese destello travieso en sus definiciones, un cosquilleo en la lengua al pronunciarlas y la capacidad de hacer que las cejas del lector hicieran una danza de sorpresa. Era como ser un chef de la lengua, mezclando ingredientes inusuales en un caldero de léxico, buscando el sabor único de la hilaridad verbal.

Seleccionar palabras para El segundo diccionario de JLFJ fue como organizar un desfile de modas de la lengua, donde cada palabra era un modelo excéntrico en la pasarela del significado.

  • ¿Qué opinas sobre la resistencia al cambio lingüístico por parte de algunos sectores de la sociedad?

La resistencia al cambio lingüístico me recuerda a un dragón gramatical que escupe fuego de nostalgia y se aferra a las viejas hojas como si fueran reliquias sagradas. Si fuera un embajador de palabras en un consejo intergaláctico de dialectos, defendería la revolución léxica con una espada de retórica y un escudo de neologismos resplandecientes. Pero hay que reconocer que existen muchos discrepantes que apuestan por planteamientos más conservadores.

Algunos se aferran a las orillas de la sintaxis como ermitaños orales, temerosos de que las olas del cambio arrastren sus queridas estructuras gramaticales hacia la oscuridad del olvido lexical.

Sin embargo, yo, cual valiente defensor del nuevo léxico, veo el cambio como una celebración donde todas las palabras se pueden mover al ritmo del progreso lingüístico.

Oponerse a la evolución lingüística es como tratar de enseñar a un dinosaurio sintáctico nuevos trucos gramaticales. Algunos prefieren quedarse en la era de los adverbios prehistóricos, pero yo, con mi látigo de metonimias, les instigo a dar saltos temporales hacia un futuro de neologismos lleno de posibilidades.

La resistencia al cambio lingüístico es como intentar convencer a un emoticono gramático de que abandone sus viejas caritas amarillas y se una a la revolución de los emojis.


Reseña de “El segundo diccionario de JLFJ», de José Luis Fernández Juan


  • ¿Crees que el cambio lingüístico es más pronunciado en la era digital y la comunicación en línea?

El cambio lingüístico en la era digital sería como un viaje vertiginoso por el ciberespacio donde las palabras son astronautas y los pictogramas son constelaciones en el vasto universo de la comunicación.

Se podría decir que en El segundo diccionario de JLFJ ejerzo de alquimista de las letras, destilando la esencia de las nuevas palabras desde un caldero de memes burbujeantes y GIFs efervescentes.

En la era digital, el cambio lingüístico es como un virus de la creatividad que se propaga más rápido que un gato con patas de resorte. Es como enseñar a un logorama antiguo a bailar música chunda chunda y convencer a las letras tradicionales de que se unan al tren del meme.

Las palabras, cual mariposas gramaticales, se transforman en nuevas formas y colores, adaptándose al entorno digital como camaleones léxicos en una pantalla multicolor.

Las redes sociales son una feria de la expresión, donde las palabras compiten en carruseles de significado y los neologismos son los payasos que hacen reír a la audiencia virtual.

En este circo de la comunicación en línea, la evolución del lenguaje es un espectáculo constante, con hashtags haciendo acrobacias y memes malabareando con la sintaxis.

El cambio lingüístico en la era digital es como ser un explorador gramatical en una selva de memes y tuits, descubriendo nuevas especies de expresiones cada día. Es como dirigir una orquesta de bits y bytes, donde los ideogramas son las notas musicales y los GIFs son los solos de instrumentos lingüísticos.

En resumen, en la era digital, el cambio lingüístico es más contagioso que un bostezo en un video de bisontes americanos. ¡Ojalá el ciberespacio sea el laboratorio de la evolución lingüística, donde las palabras sigan el ritmo de los memes y la comunicación en línea sea una verbena intergaláctica de expresiones extravagantes!

Escritor José Luis Fernández Juan

  • ¿Tuviste en cuenta la influencia de la cultura y la sociedad al inventar nuevas palabras? ¿Cómo se refleja esto en tu diccionario?

¡Por supuesto! El segundo diccionario de JLFJ es un caleidoscopio lingüístico, donde las palabras emanan de las tendencias culturales y sociales. Es un pandemonio de nuevas acepciones que se codean con tendencias de “youtubers” e “instagramers”, se zambullen en los dramas cotidianos y surfean en las olas de la evolución lingüística.

Las palabras definidas son como espejismos verbales, reflejando la locura del mundo que me rodea. Si la cultura se viste de ”influencers” holográficos, mis términos brillan con purpurina de arcoíris. Si la sociedad abraza la tecnología, mis definiciones se abrazan con cables de fibra óptica y bits de entusiasmo digital.

En mi ficcionario las letras hacen tándem con la sociedad y la cultura más vigente, lanzándose misturas de significados y desafiando las reglas gramaticales con un guiño cómplice. Además, permanentemente defiendo, muy inspirado por la Generación Z, en todas las definiciones que puedo, valores como la interseccionalidad e inclusión social.

Este ficcionario es un reflejo fiel de la fusión entre las palabras y la realidad. Las definiciones son como malabares con significados, equilibrándose en la cuerda floja de la creatividad lingüística mientras hacen ejercicios con las influencias culturales y sociales.

Cada término del diccionario es un fuego artificial de imaginación, iluminando el firmamento de la lengua con destellos de locura cultural y sociedades estrafalarias. Los contenidos multimedia acaban inspirando tanto diversidad y globalización como humor y vocabulario generacional.

  • ¿Qué mensaje o sensación esperas transmitir a los lectores a través de tu obra?

Este ficcionario es un parque de diversiones para las mentes más curiosas. Lo que espero que los lectores experimenten es una especie de montaña rusa léxica, un viaje por las colinas ondulantes de la creatividad y los loopings de la imaginación.

Me gustaría que se imaginasen que cada página es una puerta secreta a un mundo donde las palabras juegan con los sueños y cada definición hace acrobacias aéreas. Quiero que los lectores se sumerjan en este océano de expresiones extravagantes y salgan nadando en un mar de risas y asombro.

Mi objetivo es desatar tormentas de carcajadas, provocar pensamientos profundos y dejar a los lectores con una sensación de maravilla ante la alucinante riqueza del lenguaje. Quiero que cada palabra sea como una regadera de alegría lingüística, esparciendo sonrisas y chispas de ingenio por doquier.

Si mi ficcionario fuera un pariente lejano, sería el primo excéntrico que organiza fiestas inolvidables y siempre tiene un chiste ingenioso bajo la manga. ¡Espero que los lectores salgan de esta experiencia lingüística con el corazón más ligero, el cerebro más juguetón y una nueva apreciación por la fascinación de las palabras!

  • ¿Has notado alguna reacción inesperada o sorprendente por parte de los lectores ante alguna de las palabras inventadas en tu diccionario?

Algunas de mis creaciones léxicas han provocado risas estruendosas como las que genera la actriz Cristina Gallego en sus intervenciones televisivas y otras han generado miradas de confusión que podrían rivalizar tranquilamente con la expresión de un manatí escuchando por primera vez el Vivo sin vivir en mí de Los Nikis.

La reacción más curiosa que recuerdo me ocurrió con una fan que atendía por Magaly cuando tropezó en su lectura con la palabra  “Impronto”, definida como “Huella rápida”. Pensó que el sprint de los pies podría ser digno de competición olímpica. Me comentó que deberíamos patentar esa técnica y convertirla en un deporte nacional.

¡Y estuvo bastante tiempo deslizándose por una alfombra de mi casa con una huella rápida impecable! Un 10 en estilo y un 9.5 en la aterrizada junto al sofá, según la media de puntuación de los jueces a los que invitábamos para la ocasión.

Ahora Magaly incluye la huella rápida en su currículum como una habilidad especial. «Experiencia laboral: 5 años de huellas rápidas para llegar a tiempo a las reuniones. Capacidad demostrada para esquivar obstáculos y llegar a la máquina de café antes de que se agote.»

La reacción menos curiosa la protagonizó un no-lector que atendía por Romualdo tras hojear con desgana las primeras líneas del ficcionario. Decidió que El segundo diccionario de JLFJ no era digno de ser leído, pero sí de ser un soporte noble para una mesa tambaleante.

Parece ser que los juegos verbales del libro no le entusiasmaron demasiado. En lugar de darle un espacio en su estantería o regalarlo, decidió ponerlo a trabajar como soporte de emergencia.

Lo gracioso (inspiración del diccionario, quiero creer) es que, cada vez que alguien le preguntaba sobre el ficcionario, él responde: «Oh, sí, es una lectura fascinante. Realmente lo estoy utilizando para equilibrar mi filosofía de vida».

La gente se quedaba perpleja, tratando de discernir si estaba siendo irónico o si realmente había descubierto un nuevo nivel de sabiduría en el mundo de la literatura utilitaria.

¿Quién hubiera pensado que un día un autor escribiría un libro para ser empleado… como calzador de muebles? ¡Esa es la magia de las segundas oportunidades!

¿Cómo describirías tu diccionario en pocas palabras para intrigar a aquellos que aún no lo han explorado?

Reír, sorprender, enamorar.

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El segundo diccionario de JLF
El segundo diccionario de JLFJ

Número de páginas: 144

Colección: Ficcionario

Fecha publicación: 2023


José Luis Fernández JuanJosé Luis Fernández Juan (Valencia- España, 1966)
http://www.pinceladasdeharmonia.com/

José Luis Fernández Juan. Escritor español. Autor de Pinceladas de Harmonía, El diccionario de JLFJ, Pinceladas de Harmonía.Con, Entrevistas de coral y verde menta, Entrevistas, sonrisas y Serendipias y El segundo diccionario de JLFJ.

El peculiar estilo de sus obras ha sido analizado en las clases de Lengua y literatura española en diferentes colegios de habla hispana. JLFJ desafía las convenciones de su tiempo con una inusual voz propia a partir de su experimentación con las palabras y de su inquebrantable sentido del humor.

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