Karina Batres: “Escuchar y leer fueron esos fundamentos que me llevaron a expresarme por medio del lenguaje escrito”

Karina Batres

Karina Batres, escritora de los libros Homenajes desde casa, Síndromes y Zandra y los cristales, nos invita a conocer personajes profundamente humanos, con los que podemos conectar y en los que es posible ver reflejos de nuestra propia experiencia. Esta faceta la ha llevado a explorar las complejidades de la vida a través de la ficción con un estilo único.

Su capacidad para entretejer realidades y escenarios que rozan lo mágico es una de las características que la distingue como narradora. Para ella, la escritura es un refugio, una forma de expresarse que da color a su vida, aunque a veces surja de manera inesperada.

En esta entrevista, Karina Batres nos comparte detalles sobre su recorrido como autora de ficción, las motivaciones que la impulsan a crear historias tan humanas, y cómo logra equilibrar la creación literaria con su vida.

¿Qué fue lo que te impulsó a elegir la escritura como tu vocación? ¿Hubo un momento específico en tu vida que te llevó a tomar esta decisión?

Creo que es algo que siempre estuvo presente en mi vida, acompañándome de una forma muy sutil y natural. De niña, mi mamá nos leía a mi y a mis hermanos los libros de Dr. Seuss, nos tenía bien abastecidos de cuentos clásicos en su versión infantil. seguíamos la lectura apoyados en el audio, en cassette.

Mi papá me contaba sobre sus aventuras en bicicleta, cuando era niño. Las aderezaba, las alargaba, porque yo siempre quería saber ¿y qué pasó después? Escuchar y leer fueron esos fundamentos que me llevaron a expresarme por medio del lenguaje escrito, de modo muy gradual, a lo largo de la vida, en diferentes etapas de mi crecimiento.

¿Qué te motivó a optar por la autopublicación en lugar de seguir el camino tradicional de una editorial?

La verdad es que me decidí a escribir un primer libro cuando me inscribí en un taller de escritura, durante la pandemia. Conforme transcurría el taller, fue haciendo conciencia de que tenía muchos, muchos escritos dispersos en hojas sueltas, en libretas diferentes.  Me di cuenta de que, sin haberlo planeado, había dejado para mi misma una suerte de testimonio de mis etapas de vida.

Surgió el deseo de crear algo coherente, una historia de principio a fin. Me llamó muchísimo la atención el hecho de que uno mismo pudiera gestionar sus propias producciones y darles presencia en un lapso de tiempo relativamente corto. En ese sentido debo admitir que me dejé llevar mucho por la curiosidad, quería saber cómo hacerlo, aunque en realidad no dimensioné todo lo que implica publicar un libro.

¿Cómo ha sido tu experiencia en el proceso de autopublicación? ¿Qué desafíos has enfrentado y cómo los superaste?

Ha sido muy divertido, aunque bastante laborioso. Cuando uno gestiona cada paso, debe buscar quién va a apoyar con la creación de una portada, el prólogo, la revisión ortotipográfica, la maquetación. A veces uno encuentra gente muy capaz, que hace ese trabajo con pasión, pero también encuentras servicios mediocres que solo quieren cobrar y listo. 

Hay quienes tienen entrenamiento y saben usar muchas de las herramientas de software para hacerlo ellos mismos, como por ejemplo usar Indesign. No es mi caso. Me abruma mucho permanecer horas frente a una computadora. Trato de reservar esa energía para escribir, editar junto con mi profesor de escritura.

Y claro, como en todo proyecto que valga la pena, uno debe invertir tiempo y recursos, que no siempre están disponibles. Ha sido una tarea de insistencia, seguir adelante, un paso a la vez, teniendo paciencia, con la fe de que vale la pena dejárselo a mis hijas, a mis sobrinos.

¿Podrías describirnos tu método de trabajo para escribir? ¿Tienes alguna rutina diaria o ritual específico que sigues al sentarte a escribir?

Usualmente, cuando tengo una idea que siento podría convertirse en algo más, grabo notas de voz en el teléfono. Esas notas me sirven para recordar mis ideas y, además, al escucharlas, se me ocurren otras cosas, voy vislumbrando un panorama. Luego, escribo todo, a modo de relato sin mucho detalle, en una libreta de notas, como una suerte de esbozo.

Después, elaboro una escaleta de la historia. En ella divido la historia en secciones que voy llenando a través de muchos días. Así le doy estructura y me permite hacerle cambios, hasta que esté más o menos satisfecha. Procuro escribir un poco, leer un poco, todos los días. Son acciones acumulativas, factibles en cuestión del  tiempo que tengo disponible. 

¿Cómo encuentras la inspiración para tus historias? ¿Tienes alguna fuente recurrente de ideas o te basas en experiencias personales?

La inspiración surge en distintos instantes, nunca los mismos. He notado que usualmente proviene de momentos en los que no me encuentro presionada, no llevo prisa, cuando estoy atenta a mis alrededores. Siento que la realidad cotidiana contiene muchísimos mensajes, nos habla, todo el tiempo, de muchas maneras, nos invita a crear algo nuevo a partir de la misma.

Creo que eso es la imaginación, en el sentido más amplio. Nos permite conectar unas cosas con otras: una charla, con el vuelo de una paloma, con una tarde lluviosa, con un recuerdo. De pronto todo parece estar conectado. Es ahí donde surgen nuevas posibilidades de crear una historia.

Has escrito tres libros: Homenajes desde casa, Síndromes y Zandra y los cristales. ¿Qué los hace únicos dentro de tu obra?

La verdad es que cada uno de ellos es muy diferente, en cuanto a la trama y ubicación de las historias. Sin embargo, tienen en común el tema de lo femenino y de la profunda transformación de las protagonistas. El retorno a la autenticidad, a sí mismas, es un tema que me cautiva.

Siento que en esa exploración radica mucha sanación para el ser humano. Lo femenino es muy vasto, tiene muchos aspectos que no se ven, ocurren en el interior, así como cuando se gesta una vida dentro de la matriz.

El tema de la familia parece ser un elemento recurrente en tu obra. ¿Por qué eliges explorar esta temática en tus libros?

Me llaman mucho la atención los patrones de comportamiento que se transmiten dentro de las familias. Siento que muchas veces no los advertimos y trazan nuestro destino, hasta que logramos verlos objetivamente. Luego vienen los cuestionamientos, entender quiénes son realmente esas personas que nos criaron, con quiénes crecimos. Todos esos procesos me parecen fascinantes. También conocer más sobre los ancestros, escarbar el presente para encontrar las raíces, aunque no haya mucha información. Creo que hacerlo nos da mucho más contexto en la vida.

¿Qué opinas de la relación entre el marketing y la autopublicación? ¿Qué estrategias has implementado para promocionar tus libros?

Definitivamente se necesita el marketing, tal vez igual o más que en la publicación tradicional. Hoy día hay muchos recursos para darle promoción a las obras independientes, pero tampoco podemos tapar el sol con un dedo. Toma tiempo, no es fácil sin el respaldo de un grupo, como es una casa editorial ya establecida. Por eso considero vital que el escritor aprenda a disfrutar de esa parte, aunque sea amateur.

Hay que experimentar y estar dispuestos a invertir también. Yo me he apoyado en Quéleer, que es un grupo profesional, con mucha presencia en redes, que tiene gran alcance en hispanoamérica. Mis tres libros publicados los di a conocer con ellos. Salir del anonimato absoluto es un excelente paso. Ahora toca darle continuidad, así es el marketing.

He aprendido a hacer reels, disfruto mucho crear clips que tengan que ver con mis escritos, tanto de mis libros como de mis blogs. Recordemos que el juego aquí es crear.

¿Qué te gusta leer en tu tiempo libre? ¿Podrías recomendarnos algunas lecturas que consideras imprescindibles?

Mi madre es norteamericana, crecí en un hogar bilingüe, leyendo en ambos idiomas, turnando lecturas. Disfruto mucho los clásicos, como Cumbres borrascosas, Jane Austen, los trabajos de Oscar Wilde, Ray Bradbury. En español las historias como La Isla de la pasión, Waslala, Pedro Páramo, los libros de Haruki Murakami, entre otros.

¿Cómo equilibras tu vida personal con el tiempo que dedicas a escribir? ¿Es difícil compaginar ambas cosas?

Sí, es complicado. A veces las responsabilidades del día a día me comen, no tengo la vida resuelta, como luego decimos. Tengo que hacerme el tiempo de modo intencional, aunque no siempre suceda a la misma hora del día. He aprendido a ser flexible en ese sentido.

De vez en cuando hay periodos de mayor tranquilidad, muy gratos, en los que aprovecho para escribir más. Tal vez unas vacaciones, un invierno relajado en casa. Debo estar atenta a esos momentos, dejar para después las tareas que no son urgentes, darle prioridad, de otro modo no sucede.

¿Cuál ha sido el momento más gratificante en tu carrera como escritora autopublicada hasta ahora?

Creo que cuando leí la reseña que hicieron ustedes de Queleer para primer libro, Homenajes desde casa. Fue maravilloso mirar esa producción desde otros ojos. También cuando regalé a mis papás ese libro el físico, ya que ellos fueron quienes con su ejemplo me mostraron el gusto por leer, escuchar narraciones, expresar mis pensamientos. Ellos siempre se han tomado el tiempo para leer lo que escribo, desde niña. Hace mucha diferencia tener a un receptor dispuesto, con interés genuino.

¿Qué consejo le darías a otros escritores que están considerando la autopublicación?

Diría que antes de hacerlo se familiaricen con los pasos básicos para autopublicar, para que tengan una idea de lo que necesitarán hacer. Hay cursos para aprender a maquetar un ebook, por ejemplo, pero también dependerá de la disposición del autor. Algunos disfrutan mucho hacerlo, otros no. Del mismo modo, crear el diseño de una portada, requiere de varias destrezas que tienen una curva de aprendizaje.

No creo en el fácil y rápido, no existe tal cosa en la publicación. También aconsejaría cotizar el proceso de principio a fin, para que así tengan una visión más clara. La edición y revisión son vitales, creo que no hay que escatimar en ello. Dense el tiempo de buscar a la persona adecuada que va apoyarlos con eso; tengan sesiones virtuales para revisar juntos el manuscrito, resuelvan cualquier inconsistencia.

Otra cosa que recomiendo es encontrar a su lector cero, de preferencia alguien que no sea familiar ni amistad. Si puede más de un lector cero aún mejor. Esa visión fresca, objetiva, es indispensable para que el escritor tenga retroalimentación útil.

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