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Keila Vall: escribir me gusta, es casi divertido, como un juego enviciante

Keila Vall de la Ville

Keila Vall de la Ville nació en caracas el 19 de febrero de 1974. Es Antropóloga (UCV), Magister en Ciencia Política (USB), MFA en Escritura Creativa (NYU), y MA Estudios Hispánicos (Columbia University). Fundadora del movimiento “Jamming Poético” (2011 al presente, Caracas), y co-editora de las plaquettes Mermeladas para llevar I, II y III, y de la Antología 102 Poetas en Jamming (OT Editores, 2014).

Es autora de: la novela Los días animales (OT Editores, 2016), el libro de cuentos Ana no duerme (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2007; Editorial Sudaquia, 2016) y del poemario Viaje legado: ( Bid & Co, 2016).

Libros Keila Vall de la Ville

Del texto crítico en edición bilingue Antolín Sánchez, discurso en movimiento: del pixel, al cuadro, a la secuencia (en imprenta Editorial La Cueva, 2016) y es antóloga de la compilación bilingüe Entre el aliento y el precipicio. Poéticas sobre la belleza (en imprenta Editorial Ígneo 2016).

¿Qué razón lo motiva a escribir?: Escribir. Escribo porque escribo, es decir porque me encuentro a mí misma siempre ejerciendo el acto de la escritura. Incluso cuando no estoy ante un papel o una pantalla, incluso cuando no puedo dejar registrada una idea, me veo a mi misma con frecuencia contándome una historia, u organizando una frase, componiendo un verso. Es como hablar sola pero con un cierto sentido, digamos, estético. Será una obsesión? Así que me motiva a escribir el hecho mismo de la escritura real o virtual.

¿“escribir” profesión o hobby?: Para mí escribir es un oficio, algo que hago todo el tiempo, todos los días. No todos los días escribo en papel o en el teclado, pero todos los días registro cosas del mundo y esas cosas del mundo se transfieren a mi vida, se vuelven un cristal a través del cual ver la realidad, o se transforman en un episodio, un evento, un personaje que luego invito o recupero a la hora de escribir.

¿Lo más difícil de ser escritor?: Encontrar el balance entre el silencio voluntario y necesario para procesar la vida y escribir, y la vida social. Y con vida social me refiero a todo lo que hacemos “en el mundo”: familia, amigos, otros trabajos, responsabilidades comunes.

¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?: Supe que me dedicaría a la escritura cuando descubrí que siento placer al pasar el día entero poniendo y quitando una misma coma, o persiguiendo la palabra precisa, o imaginándome en los zapatos de algún personaje, o subiendo o bajando una palabra de un verso al siguiente, y que eso me hace feliz. Escribir me gusta, es casi divertido, como un juego enviciante. Más que un juego, es un empecinamiento.

¿Tiene alguna musa de inspiración?:Yo creo que todo puede inspirar el nacimiento de un poema, la idea para un cuento, el diseño de un personaje. Desde una caminata por la cuadra de tu casa, hasta la lectura de una página del periódico, el recuerdo de un sueño, o una historia escuchada en la radio. Una conversación, por breve que sea. Todo puede alimentar una historia, un poema. Lo importante es tener los sentidos abiertos, ser receptiva a las conexiones, aprender a mirar, y luego: recordar mirar, porque aunque sepas dónde mirar, si no recuerdas hacerlo, si no te propones estar atenta y consciente, el momento pasa. Justamente porque el momento pasa, al recibir o encontrar esos momentos significativos que son como un flash es importante anotar, garabatear, grabar un mensajito contando eso que te llegó, eso que viste. De lo contrario, ese momento (supongo que lo llaman “de inspiración”), que es por definición fugaz, te abandona. Se borra. Por último, y lo más importante: hay que sentarse. Para el vaciado de ese momento hace falta compromiso. A veces te sientas y no tienes ganas de escribir, y escribes igual. Por cierto, ayuda mucho en esos días comenzar por algún garabato “inspirado” previamente guardado. Un instante registrado en una servilleta puede ser el pasaje a un día entero o tiempo largo de escritura. Así que yo no creo en las musas. Creo en estar alerta, en ser receptivo a la conexión entre las partes, creo en  la mirada, y creo en el trabajo.

¿De sus obras cuál ha sido la que más ha disfrutado escribir?: Todas. A mí me gusta escribir todo lo que escribo. Si no, no lo escribiría. De hecho, he comenzado proyectos que descubro no me gustan y los abandono. Los engaveto. Los olvido. pero si ya te entregaste a él es porque disfrutas escribirlo. Cada libro tiene sus propias exigencias, ofrece dificultades y oportunidades únicas. Más aún, cada libro requiere de ritmos y tiempos distintos… así que al escribir tienes la oportunidad de desarrollar muchas facetas. Algunas de son más placenteras que otras. Hay que entregarse a todas, sin reservas. En mi opinión, creer en el placer como señal del buen camino o del buen hacer, es una sandez. Todos los libros tienen sus momentos de disfrute, y de pesadumbre.

¿Existe el temor frente a la hoja en blanco?: No. Creo que existe el tedio ante la hoja en blanco. Y de ser así, quizás se habla de miedo porque las personas tenemos pavor al tedio. ¿Qué pasa si el tedio, esa sensación pastosa y molesta, no es más que la comprobación de que jamás seremos los escritores que quisiéramos ser? ¿Qué pasa si ese momento de tedio se prolonga al punto de que no escribamos más? Yo creo que eso es lo que yace en el fondo. Pero a mí el tedio y el vacío me gustan. Y me gusta romperlos. Es difícil comenzar una idea. Así como es difícil lanzarse de un trampolín, o despertarse ciertas mañanas, o enlazarse los zapatos para ir al parque a correr, o ponerse la ropa en un día de frío para salir a la calle. Son circunstancias en las que la inercia se ve amenazada. Rupturas, fisuras. Ese tedio, esa incertidumbre, ese miedo a lo que sigue, son parte de la vida. A mí me gustan.

¿Cuál género no se ha atrevido a escribir?: Ciencia ficción, comedia, libros infantiles. Hasta ahora. Pero quién sabe.

¿Cómo es su biblioteca?: Mi biblioteca está dividida por géneros (antropología y filosofía a la izquierda, narrativa en el centro, poesía a la derecha). Y cada género intenta mantenerse en orden alfabético. Luego hay secciones que escapan a esta división: las antologías están arriba a la derecha. Hay una sección de libros por leer, en el centro. Los libros de fotografía –de fotos y de teoría fotográfica- están a la izquierda, cerca de antropología. Los “libros de mesa” están por otro (no en una mesa, no, sino pegados al piso). Los de yoga están abajo también.

Recuerda con cuál libro se inició en la lectura: El poema precioso “Margarita” de Rubén Darío (el único que me ha aprendido de memoria), un ejemplar de Ekaré con unas ilustraciones hermosas. “Qué será qué no será” (lo llevaba  todos lados y también me lo aprendí, vivía preguntando adivinanzas y diciendo trabalenguas). “El cocuyo y la mora”. “Un diente se mueve”. “Arturo y Clementina” (que terminó en un cuento de mi libro “Ana no duerme”). Un poco mayor, tendría como 9 o 10 años, “La historia interminable” de Michael Ende, “Un mundo para Julius” de Bryce Echenique.

¿Cuál autor venezolano recomienda leer?: Patricia Guzmán, Yolanda Pantin, Igor Barreto, Armando Rojas Guardia. Sonia Chocrón, Victoria Di Stefano, Eugenio Montejo, Miyó Vestrini, Jacqueline Goldberg, Krina Ber. Como que leo más poesía que narrativa venezolana.

Un libro para soñar: Todo libro que te inquieta y te gusta, puede hacerte soñar y tener pesadillas.

Un libro para no leer: Cualquiera mal escrito, escrito sin cuidado.

Un libro para leer en el baño: El que tengas a mano.

Libro de papel o electrónico : A mi parecer un libro de artesanal o un libro-objeto debe leerse (porque debe sostenerse en la mano para poder sentir su peso, su densidad), en papel. Poesía, preferiblemente en papel, hasta ahora encuentro problemático lo del tamaño de las letras y las manchas del poema en digital. Un libro interactivo, en formato electrónico. Aparte de eso, no hay mayor diferencia. Una novela o un cuento, como quieras. A mí me gustan los libros porque me gusta marcarlos con notas adhesivas y subrayarlos y escribir al margen. No lo hago con todos. Sólo con los que más me gustan. Me gusta tocarlos y llevarlos en el bolso. Y no me importa si se les doblan las esquinas o si les cae una gota de café. Los cuido! Mucho. Pero están en la vida y esas marcas son su historia. En digital no siento eso.

¿Consejos para un principiante en la escritura?: Lee mucho, escribe mucho, ten presente lo que te gusta de la obra de otros y anótalo, márcalo, piénsalo. Ten presente también lo que no te gusta de la obra de otros, para no repetirlo. Piensa en lo que escribes como creación perfectible.

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