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Léster Dávila: escribo, porque es una forma muy íntima de estar conmigo

Léster Dávila

Lester Dávila nació en Caracas, en la Maternidad Concepción Palacios, el 23 de mayo de 1970. Es abogado, egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1993, especialista en Derecho Mercantil y Derechos de Autor. Además es locutor, egresado de la Escuela de Comunicación Social de la UCV y a la par, ha realizado diversos estudios de escritura creativa.

En el 2014  publica Los cuidadores y en el 2016  de la mano de @FBLibros publica Russell

Libros Léster Dávila

¿Qué razón lo motiva a escribir?: desde adolescente escribía canciones, diarios (sí, diarios), cuentos cortos; en fin, quizás sobrellevando los fantasmas que nos agobian a muchos en esa época de la vida. Luego, como abogado escribía y escribía, pero desde otro ángulo más pragmático. Es decir, la escritura siempre me ha acompañado de una forma u otra; pero luego, cumplidos los cuarenta, también por esas cosas de la vida, me volví más libre de decir, y por qué no, de escribir lo que mis fantasmas me dictan, solo que ya no me agobian, ahora nos divertimos juntos. Escribo entonces, porque es una forma muy íntima de estar conmigo.

¿Para usted “escribir “es una profesión o un hobby?: para mí escribir es una responsabilidad, tengo presente que cada palabra, cada frase, cada escena puede afectar la visión del mundo del que la lea; sin embargo, cuando escribo no lo hago pensando en el juicio de quienes me leerán, pero sí asumiendo mi responsabilidad por lo escrito. Para mí, escribir no puede ser un hobby porque requiere mucho compromiso; y más que una profesión es un modo de vida, es una forma de ser. El escritor es como el fotógrafo, en todo momento, en cada situación puede conseguir una escena digna de fotografiar, de escribir, de fijar para la posteridad.

¿Qué es lo más difícil de ser escritor?: procurarse las horas de soledad necesarias y que tu entorno lo entienda, lo acepte y lo respete. Luego de eso: vivir con la incertidumbre sobre el destino de lo que escribes.

¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?: no lo supe nunca, la vida me ha ido llevando a eso, quizás en esa sorpresa radica lo mágico de todo esto.

¿Cuál es su género favorito para escribir?: narrativa de ficción. Trato de no perder de vista que si no me divierto escribiendo, otro no podrá hacerlo leyéndolo. Sin embargo, creo que todo lo que se escribe debe reflejar un punto de vista, una opinión o una reflexión, el entretenimiento puro y simple me resulta vacío.

¿Tiene alguna rutina para sentarse a escribir?: en soledad. Prefiero las madrugadas cuando el silencio es abrumador y las voces de mi cabeza se desatan. Suena como algo de locos, pero quien escribe sabe que, a veces, más bien parece que un tercero nos estuviera dictando…

¿Tiene alguna musa de inspiración?: creía en las musas hasta que me di cuenta que realmente se trata de estar atentos a nuestro entorno, en cada instante podemos hallar una chispa para encender una buena historia. Y sentarse a escribir constantemente, para que no se olvide esa frase o ese diálogo que puede quedar para la posteridad, y para que los personajes no empiecen a parecer irreales. Esa es la única magia.

Recuerda con cuál libro se inició en la lectura: De niño, con ingenuidad y total desconocimiento, abordé El Diario de Ana Frank y quedé sorprendido de lo que me hacía imaginar qué ocurría fuera del escondite de Ana y su familia; entonces comencé a investigar qué era eso que llamaban “Holocausto” y fue el horror. Luego leí Oliver Twist de Charles Dickens y caí desplomado con tanta crueldad hacia un niño. Afortunadamente, del “shock” por ambos textos, quedó en mí la curiosidad por todos lo mundos e historias que podía conocer a través de la lectura.

¿Cuál fue el libro qué dejó una huella en Ud.?: Cien Años de Soledad

¿Cuál personaje o pareja de la literatura lo marcó?: también de niño, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, su deseo de ser diferente me marcó: “Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que importaba, sino volar.”

¿Qué libro no pudo terminar de leer?: The Profundis de Oscar Wilde, creo que en las primeras cinco páginas estaba claro que el tipo nunca lo quiso, que él tampoco nunca se quiso, y que todo lo demás que ocurrió fue masoquismo puro. Honestamente, me fastidió. Perdónenme los que consideran a esa carta gigantesca una obra maestra de la literatura.

¿Qué es mejor: solo o acompañado?: solo. Escribir es una labor que no pueden ejecutar quienes le tengan miedo a la soledad.

¿El día o la noche?: la noche. El silencio que la acompaña es mágico.

Una palabra fea: Miedo.

Una palabra bonita: Fe.

Un libro para soñar: El Principito.

Un libro para no leer: Necronomicón de Lovecraft. Perturbador.

Un libro para leer en el baño: ninguno merece ese trato. Para el baño recomiendo redes sociales en el teléfono.

Libro de papel o electrónico: papel, y pasarán muchos años. Los discos de acetato regresaron, los seres humanos necesitamos poseer, sentir que algo es nuestro de verdad, y los medios electrónicos no ofrecen eso todavía.

 

 

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