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Reseña de “After Dark” de Haruki Murakami

Haruki Murakami

Todo el tiempo, Haruki Murakami me hizo participar como la omnipresente observadora de una historia que oscila entre lo cotidiano y lo inexplicable. Su obra After dark logra convertir al lector en el cómplice de una narración que comienza justo después del anochecer y termina con la aparición de los primeros rayos de la mañana. Un pequeño reloj en la parte superior derecha de la hoja marca la hora exacta en la que  los sucesos se desenrollan  en una trama que parece latir en tiempo real.

Mari decide salir a la ciudad y pasar su noche leyendo en un bar, pero el encuentro fortuito con un joven la lleva a reconocer los matices y las emociones de una ciudad que  parece ser un rincón cosmopolita de algún país asiático. Paralelamente, esta misma noche la televisión en el cuarto de Eri, su hermana mayor, se enciende pese a estar apagada. Un hombre de facciones borrosas la espía desde el interior de la TV mientras ella está sumergida en un sueño inquebrantable y perfecto.

Eri y Mari están construidas  en torno a la disolución de una identidad. Las dos mujeres se perfilan con un misticismo inabarcable con una personalidad que resulta difícil decodificar.  Los detalles para poder descifrar o especular qué vivencias tétricas pudieron haber vivido para que las dos carezcan de vitalidad y luz, son escasos. Pudo ser una flaqueza de Murakami: no dejar más rastros de ellas dentro de las páginas. O puede ser tal vez que envolvernos en este enigma fue justamente su intención.

Toda la atención del autor parece más bien centrarse en descripciones visuales. Nos sitúa en un espacio físico dentro de la historia y describe movimientos de cámara. Se encarga de extenderse en detalles para dejar el sabor de una ciudad oscura salpicada de luces de neón, caracterizada por aullidos de violencia que se despabilan siempre en horas de la madrugada.  Prefiere ante todo ilustraciones sinceras.

La novela no engancha con una historia compleja y enredada. No hay antagonista ni héroes. Esta novela ignora la denuncia social, la filosofía y la pretensión de dejar lecciones de vida. Se vuelca más bien en lo visual y sobre todo en lo sensorial. Nos ubica en momentos, nos provoca impresiones, y tiene la maravillosa virtud de elegir el soundtrack apropiado para el momento oportuno:  Suena Morede Martin Denny y su orquesta en un restaurante familiar. En  las densas tinieblas suena I can´t go for that de Hall and Oats, mientras que Sonynymoon for two de Sonny Rollins es el blues que se escucha dentro de un sótano.  La música es en este recorrido la mejor compañera de aquello que es inverosímil.

La tranquilidad y la quietud que me da el mantenerme lejos de lo inexplicable puede resultar cómodo a veces, sin embargo creo que puede ser contraproducente alejarme de un mundo de seres irreales y manifestaciones ilusorias. Es por eso, que prefiero darle la cara a lo improbable y entremezclarme con una realidad no tan obvia. Es por eso que soy devota de la literatura. Existen algunos libros que te permiten saborear aunque sea migajas de lo sobrenatural. After Dark es uno de esos.

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