Reseña de “Buscando Azules: Postales del desarraigo”, de Carolina Acosta-Alzuru

Reseña de “Buscando Azules Postales del desarraigo”, de Carolina Acosta-Alzuru

La docente, investigadora y escritora, Carolina Acosta-Alzuru (Caracas, 1958) es una estudiosa de la televisión venezolana, en especial de la telenovela, género que ella conoce a profundidad desde hace más de veinte años. Vive fuera de Venezuela y ejerce la docencia en la Universidad de Georgia.

Carolina presenta su cuarto libro llamado, Buscando azules: Postales del desarraigo (Editorial Alfa, 2023), como una manera de explorar momentos importantes de su vida. No se trata de una biografía, ni mucho menos de sus memorias, más bien relata momentos que la han impactado y la han marcado profundamente en su vida entre dos países, su Venezuela natal y los Estados Unidos.

Soy una mujer de dos pasaportes y dos ciudades. Ambas coexisten en mí y me hacen quien soy: una mujer venezolana en la academia norteamericana, un constante ir y venir, una certeza y un desarraigo, un cerca y un lejos, un «hola» y un «adiós», una sonrisa y unos ojos aguados. Un simultáneo llegó y se fue”. (pág.13).

El libro muestra episodios sobre la vida de una venezolana, profesora en la Universidad de Georgia, en la plenitud de su existencia que cuenta a través de postales y flashbacks, sus reflexiones esperanzadoras, tristes y alegres sobre ese regreso al pasado. Ella lo ha expresado muy bien en esta frase: «Todo relato autobiográfico es una reconstrucción debido a que el andamiaje de recuerdos y vivencias no es sólido, sino líquido y, a veces, hasta gaseoso». (pág.10).

Carolina escribe desde el corazón, con un rico lenguaje que recrea tiempos y espacios, ella crea una lectura agradable e íntima.

La escritora recuerda esa capital que veía cuando era niña desde su casa llamada Mi Caney en aquella capital de 1962, en la que muchas urbanizaciones que hoy se conocen, aun ni existían. La vista de Caracas quedó impregnada en ella para siempre.

Ahora que vivo en otro país y conozco la congoja del desarraigo, mi mente se sigue asomando a ese balcón porque necesita ver a Caracas así: perfecta, con su cielo azul y su luz excepcional”. (pág.34).

Sus recuerdos más preciados, están también fuera de Caracas, en el litoral guaireño, en el 601 Macuto.

Yo estoy convencida de que la felicidad queda en Playa Azul porque siempre he sido dichosa en ese mundo paralelo en el cual viví casi todas las etapas de mi vida. Cada vez que regreso allí, veo mi biografía reflejada en los socios que están a mi alrededor y a los que ya no conozco realmente”. (pág.41)

Una conversación imaginaria con su abuelo, revela detalles de su personalidad y la relación son sus estrictos padres. De la infancia a la rebeldía de la adolescencia.

Pero, abuelito, tú sabes que mi papá y mi mamá no tenían idea de cómo manejar eso de que su hija de dieciséis años tuviera novio. Nos hicieron la vida imposible. Hasta el día en que me casé por civil todavía lo identificaban a él como «Guillermo, un amigo de la familia». Ninguna de mis amigas pasó por algo así tan exagerado”. (pág.46-47).

Carolina reflexiona sobre temas con los que ha tenido que lidiar, como el racismo, su adaptación a una vida nueva desde 1993 junto a su familia en una ciudad de Estados Unidos, en la que no se veían venezolanos y en la que el latino es confundido con el mexicano.

Es una metáfora sobre la vida de los latinos en Estados Unidos. Resulta que el camino para encontrar a América Latina en este país pasa por México. Porque aquí México es la parte que representa (o se asume como) ese todo que es Latinoamérica”. (pag.89).

Éramos cinco con dos culturas, dos países, dos idiomas y cinco colores de piel”. (pág.85).

Relata, además, las relaciones sentimentales de sus hijos ya adultos. Cuenta cómo la familia fue aumentando con la llegada de su nieto e incluye el tema del matrimonio de su hija con una joven llamada Jenn.

Es que cuando alguien «sale del clóset» también abre la puerta de ese otro clóset, el de la ignorancia y los prejuicios, poniendo en evidencia a los que viven en él”. (pág.86).

Carolina dedica un capítulo al tema de tumor cerebral con el que fue diagnosticado su esposo. Y su mensaje es claro.

Solo saldríamos del cuarto oscuro atravesándolo, aunque estuviéramos a tientas”. (pág.97).

Venezuela le duele profundamente y como bien dice: “El desarraigo es una daga en el costado”. La realidad de la crisis venezolana la sobrepasa y lo expresa desde lo más íntimo.

 Todos queremos regresar a un país que ya no existe y que, por lo tanto, tendremos que construir. Ya no será el mismo. Ya no somos los mismos. Pero todos queremos caminar sobre el Cruz-Diez del aeropuerto como turistas que saben que siempre pueden regresar a casa”. (pág.29).

Buscando azules; postales del desarraigo

El acercamiento de la autora a su ciudad natal es cauteloso y está lleno de temores. Ya las calles no se sienten seguras.

La Caracas de 1992 no es la de los setenta y los ochenta. Así que ahora llevo los vidrios cerrados y el aire acondicionado prendido. No solo Caracas es más insegura, yo tampoco soy la misma. Ahora tengo a los niños en el carro. Me siento vulnerable”. (pág.65).

No es una simple espectadora, hace un análisis de la política, la vive y la padece. Venezuela le duele y lo expresa sin cortapisas en Buscando azules.

La polarización, sus cegueras e incalculables daños ahora afectan a mis dos países. En Venezuela nos dejaron sin barajitas y en Estados Unidos Trump y sus acólitos trabajan activamente para robarnos el juego democrático”. (pág.77).

Afuera, el cielo y los árboles están vestidos de primavera. La luz ha desterrado las tinieblas del invierno. Pero yo llevo la oscuridad de mi país por dentro. También mis lágrimas. Aquí no lo saben. Habrá quien lo suponga”. (pág.120).

Uno de los pilares con los que Carolina siempre contó, fue su esposo Guillermo, el padre de sus tres hijos y el mejor compañero que pudiera tener.

Somos distintísimos, eso sí. Él, deportista; yo, intelectual. Él, pesimista; yo, siempre optimista. Él, buen católico; yo, molesta con la Iglesia por tantas razones. Él no escucha las letras de las canciones, yo me aprendo todas las que puedo. Él no necesita ni metáforas ni poesía, yo no puedo vivir sin ellas. Él que no se acuerda de nada; yo, memoriosa. Él, callado; yo, parlanchina. Somos el yin y el yang”. (pág.140-141).

La autora escribe sobre las experiencias que la han marcado como la muerte de su amiga en la niñez, o sus vivencias en el Camino de Santiago y en Turquía.

Comencé a entender que latinoamericanos y turcos no somos tan diferentes como yo creía. Que no tenemos ningún pudor de mostrar nuestras emociones, que nos despechamos igual y manejamos ese dolor exactamente igual”. (pág.152).

Buscando azules: Postales del desarraigo despierta la atención con un tono que invita a pensar. Carolina ha alcanzado los 60 años y expresa lo que eso significa.

Hemos acumulado madurez y sabiduría. En nuestros rostros han aparecido líneas que evidencian risas y angustias, pero sobre todo aprendizaje. Al asomarnos al espejo, finalmente nos vemos con claridad y comprendemos que sí somos bellas”. (pág.177)

Un tópico al que le dedica bastante texto es la angustia por el COVID-19. La pandemia dejó grandes lecciones. La autora relata lo que significó estar en Rumania al momento de la crisis.

Sentía que Europa se estaba cerrando. ¿Y si no lograba salir? ¿Por dónde podría regresar? Si no podía llegar a casa, si me quedaba varada, ¿dónde quería estar?”. (pág.183).

El coronavirus nos hace una radiografía. Evidencia las fracturas individuales, culturales, sociales, económicas y políticas. También les arranca los ropajes a los poderosos y los deja desnudos ante nosotros”. (pág.206).

Un recurso que aporta nostalgia es el uso de fotografías que retratan a la perfección las postales de una vida. Carolina es una profunda observadora, desde su mirada penetrante, pudo descubrir, apreciar todo su entorno en los múltiples viajes por todo el mundo. El lector podrá aprender, disfrutar de paisajes y personajes propios de sus recorridos.

Buscando azules: Postales del desarraigo es un texto valiente, escrito por una venezolana de la diáspora que sufre por la injusticia y por su país.

Y yo ahora entiendo que, a pesar del continuo dolor de no vivir en Venezuela, no sería quien soy hoy si me hubiera quedado en el país”. (pág.244)

Colecciono azules. En ellos podría quedarme a vivir”. (pág.51)


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Buscando azules

Buscando azules: Postales del desarraigo

Editorial: Editorial Alfa

Número de páginas: 284

Fecha de publicación: 2023


Sobre la autora del libro
Carolina Acosta-Alzuru

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