Reseña de «Despierta» de L. L. Hidel

Reseña de Despierta, de L.L. Hidel

La adolescencia es una etapa compleja parecida al despertar que viene después de un sueño breve: la niñez. Despierta de L. L. Hidel, publicado por Editorial Caligrama, es un libro que revela una mirada a lo cotidiano y lo fortuito del mundo a través de los ojos de Camilo Tapia, un joven de 16 años que vive con sus padres y su hermana.

Con una voz perfectamente acompasada con la del protagonista, en las tres partes de esta novela el autor desnuda el consciente y el inconsciente de su personaje, que al principio tiene una apacible y sencilla vida familiar en contraste con una agitada y rica vida interior. El autoconocimiento estará patente de manera difusa en los primeros capítulos, como es propio a la edad que atraviesa Camilo:

“Creo que soy mi amigo que lo sabe todo y nada de mí”. (pág. 15).

Sin embargo, el análisis que hace sobre sus gustos, inseguridades, fracasos, aspiraciones y aficiones, le ayuda a interpretarse y lo prepara para el futuro, así como al lector para la cercanía que desarrollará con el protagonista. Varias experiencias de su niñez y de los últimos días antes de que cambien sus circunstancias parecen vaticinar el giro que dará la trama; su secuestro en el momento y en el lugar menos esperados.

“Una vez me dije que corro porque estoy huyendo, no sé de qué, no sé de quién”. (pág. 15).

Una narrativa jovial y descripciones precisas hacen vívidos los momentos amargos y agridulces de la historia. El secuestro de Camilo es el eje en torno al cual giran temas fundamentales y duales del libro: el miedo y la valentía, la crueldad y la compasión, el silencio y la palabra, el acercamiento y el rechazo, que surgen tanto en el exterior del joven como en su interior con las memorias que revive, entremezcladas con las acciones de su victimario y el entorno.

“El eco rebota contra las paredes invisibles y entonces más allá se oye el sonido de las olas. El mar calmo sube hasta mojar la arena y deja en la orilla unas cuantas ostras. Mi madre las recoge”. (pág. 144).

Este último elemento, el paisaje, reflejará constantemente el estado de ánimo de Camilo, trazado con colores y sensaciones que quedarán impregnados en la imaginación del lector; la percepción de Camilo es una constante que le da unidad a los capítulos que avanzan algunas veces con pausa y, en su mayoría, vertiginosamente.

La incertidumbre, el asombro y la esperanza son sentimientos sostenidos a lo largo de la narración, cuyos giros nos recuerdan que en la ficción y en la vida, todo es posible. Como en un juego de naipes, el azar jugará en contra y a favor de Camilo a través de lo inesperado, al tiempo que su secuestrador y él presentan actitudes y reacciones que les desconciertan y tejen una relación tensa entre ellos.

“La verdad es que hace rato las cosas que hago parecen bordear lo inimaginable”. (pág. 406).

 El factor impredecible de lo humano aporta parte de la inestabilidad que se experimenta en este libro y posibilita un amplio abanico de finales.

Es la soledad del confinamiento un campo de batalla en el que los miedos, contrariedades y motivaciones de Camilo se enfrentan. La pugna entre la vida y la muerte surge con el sufrimiento del personaje, que se aferra a la primera a través de sus recuerdos. Cada experiencia dolorosa durante su cautiverio es relacionada por el joven con un episodio pasado, agradable o áspero, pero siempre preferible. Así, la memoria es un ancla al deseo de vivir, opacado una y otra vez por el cansancio; con todo, Camilo describe los recuerdos íntimos con nostalgia y dulzura, lo que le permite apreciar momentos y personajes que antes rehuía:

“Martina siempre estaba sentada a mi lado de la mesa, fingiendo que su mano era una pequeña persona y que esa persona escalaba mi brazo”. (pág. 344).      

Foto de Despierta, de L.L Hidel

Problemas que se atisban al principio como la confusión, el temor al rechazo, la atracción no correspondida y la negación, naturales en la adolescencia, se hacen más pequeños a los ojos de Camilo en la medida en que enfrenta dilemas como hablar o callar, precipitarse o esperar, decisivos para su supervivencia. El don de escuchar y la obligación de romper el silencio son también polaridades que le ayudarán a resolver dificultades inmediatas, con una estrategia defensiva para enfatizar la importancia de la comunicación con la familia, con el enemigo y consigo mismo.

Dos voces distintas que aparecen en puntos dispersos de la narración mantienen el suspenso y exponen lo que ocurre antes y durante el encierro de Camilo; los límites que lo rodean son sólidos, pero la línea entre la vigilia y el sueño se va desvaneciendo para desnudar nuevamente su inconsciente a través de pesadillas relacionadas con el estrés, con su deseo de ser libre y con los peligros que poco a poco se atreve a enfrentar. El protagonista medita, se hace preguntas, trata de comprender lo que siente, duda:

“¿Voy a terminar así, como un simple recuerdo impreso en papel?”. “Al mismo tiempo, quiero dormir y no quiero despertar.

No quiero despertar”. (pág. 130).

El coprotagonista es el responsable de que Camilo tenga reflexiones como la anterior y, paradójicamente, le ayuda a crecer. El autor desarrolla su perfil de modo admirable; tiene una gran agudeza mental, con la que va un paso adelante de su rehén, pero está sujeto a los imprevistos tanto como su víctima y tiene una desventaja ante él: un pasado misterioso y oscuro que Camilo se empeñará en descubrir. La proximidad de estos personajes se construye a base de diálogos inteligentes, dinámicos, donde ambos se turnan las victorias y derrotas. Una batalla psicológica se desarrolla entre ellos, quienes intentan ganar tiempo y subsistir en convivencia con el enemigo hasta llegar a necesitarse para salvaguardar sus vidas. Así pues, se crea un nexo víctima-victimario con matices que nos ayudan a ver las dos versiones de una misma historia.

“Posiblemente sea un recuerdo que me perseguirá por siempre. El antes y el después. Esa delgada línea, por muy fina que sea, no se va a romper”. (pág. 557).

Despierta es una narración emocionante y reflexiva, con un protagonista con el que es fácil identificarse porque es franco consigo mismo. Nos enseña que el estado deseable está condicionado por las circunstancias, por la madurez y por la riqueza interior, de modo que el bienestar no es absoluto pero sí alcanzable. Esta historia nos dejará una sensación de irrealidad, como si despertáramos de una noche de mal sueño para recordarnos que no es necesario hallarse en una pesadilla para valorar lo que tenemos y que todos los días pueden ser buenos mientras sigamos vivos.


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Despierta, de L.L. Hidel

 

Despierta

Número de páginas: 581

Editorial: Caligrama

Colección: Thriller, suspenso

Fecha de publicación: 2023

 



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