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Reseña “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde

Esta obra de Oscar Wilde se llama en inglés The Picture of Dorian Gray y fue publicada en junio de 1890, en una revista literaria llamada Lippincott’s Monthly Magazine. Fue su única obra publicada como novela.

El libro causó controversia cuando fue publicado por primera vez; sin embargo, es considerado en la actualidad como «uno de los clásicos modernos de la literatura occidental.

El retrato de Dorian Gray es una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica con una fuerte temática faustiana, además muestra un pintor con afecto íntimo y directo con el personaje principal.

Basil Hallward es un artista que queda muy impresionado con la belleza de un joven llamado Dorian Gray y decide pintarle un retrato. Dorian conoce a un amigo de Basil llamado Lord Henry. Éste  indica que lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos. Tras conocer este tipo de hedonismo. Dorian se da cuenta de que un día su belleza se desvanecerá y desea tener por siempre la edad  de cuando Basil le pintó en el cuadro. Mientras él luce igual al cuadro, la cuadro, la figura retratada comienza a envejecer por él. Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de lujuria, a una espiral de odio y vicio; pero el retrato le recuerda que con cada pecado la figura se va desfigurando y envejeciendo.

Oscar Wilde supo retratar a la perfección los temas de la vanidad, la locura y la enajenación. Durante los juicios en su contra, se leyeron extractos sobre este libro. El tema de la homosexualidad salió a relucir. Wilde dijo que nos e podía juzgara un hombre por lo que escribe.

El retrato de Dorian Gray, más allá de la eterna juventud, trata sobre el narcisismo, ya que el personaje principal posee una excesiva admiración por sí mismo, hasta el extremo de solo desear ser igual al cuadro. Además, se tratan otros aspectos como la decadencia de la sociedad, la vanidad, la arrogancia, la moral perversa y torcida de la época. La corrupción del alma de Dorian Gray aparece retratada.

Una noche, Dorian Gray descubre a Sibyl Vane, una actriz que trabaja en un pobre  teatro interpretando obras de Shakespeare. Dorian le propone matrimonio. Sibyl y le dice a su familia que  su prometido es un “Príncipe Encantador”. Dorian invita a Basil y Lord Henry a ver actuar a Sibyl en su representación de Romeo y Julieta. Pero Sibyl, emiconada, actuará muy mal en su rol de Julieta. Después de la función, Dorian rechaza a Sibyl, diciendo que su belleza era su arte y, como ya no podía actuar, entonces Dorian ya no está interesado en ella. Rompe el compromiso y cuando vuelve a casa, el cuadro tiene ahora una mueca de crueldad en sus labios.

Ante el desprecio y trato cruel de Dorian, Sibyl se suicida tomando ácido prúsico. Dorian oculta el cuadro en una habitación, a la que solamente él tiene acceso. Durante los siguientes dieciocho años, Dorian experimentará todos los vicios posibles.

Dorian culpa al propio Basil de su destino y lo apuñala en un arranque de odio. En un fumadero de opio está  James Vane, el hermano de Sibyl, quien escucha a una mujer llamarlo “Príncipe Encantador” y lo sigue con intenciones de matarlo, pero desiste y lo deja ir por la apariencia juvenil de Dorian hace improbable que haya estado involucrado en el suicidio de su hermana Sibyl hace dieciocho años. La mujer que conocía el sobrenombre “Príncipe Encantador” se le acerca para reclamarle por no haberlo matado, revelándole que Dorian no ha envejecido desde hace dieciocho años, según ella, por un pacto con el diablo.

Dorian informa a Lord Henry su decisión de enmendar su camino. Su conquista es una bella joven que vive en el campo llamada Hetty Merton. Dorian entra a la habitación donde ha mantenido su retrato escondido, pero descubre que su apariencia es peor. El final tiene que ver con el cuadro y su muerte.

Oscar Wilde fue un escritor, poeta y dramaturgo de los  más destacados del Londres victoriano tardío. Pero, como muchos genios, murió en la indigencia en París a la edad de cuarenta y seis años.

Decía Wilde: Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse.

 

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