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Reseña “La isla de la pasión” de Laura Restrepo

La isla de la pasión

Cuesta creer que una historia como la que nos narra Laura Restrepo (Bogotá, 1950) en La isla de la pasión haya sido realidad. La periodista y escritora cuenta la vida del joven oficial del Ejército mexicano, Ramón Arnaud  quien acepta una misión en un islote desértico del Pacífico junto a su esposa e hijos  y otros once soldados con sus familias.

La Isla de la Pasión como se le llamaba, en realidad tenía el nombre de Clippertown. Laura Restrepo como buena periodista, rastrea  la pista que la lleva a los familiares descendientes del matrimonio Arnaud. Y aunque obtuvo información interesante, hay un elemento de ficción muy importante.

Laura, como buena discípula de Gabriel García Márquez aprendió esa forma de escribir que atrapa. La autora en una entrevista que le realizaran en 2005, dijo: mezclo la ficción como una posibilidad de ampliar y complementar lo que la propia investigación no te da” y porque todo en un país, es escondido, la ficción da esa “necesidad de sumergirse también en esos niveles de secreto”, por tanto, la ficción hace lícito que tú complementes de manera ficticia un cuadro que tú sientes que es real, o que apunta a esas realidades un poco más profundas”.

La Isla de la Pasión  publicada en 1989  no tiene lugar en su natal, Colombia, sino en una isla cerca de México. ​ La obra cuenta la historia de unos soldados mexicanos y sus familias que se viven aislados de la civilización tratando de sobrevivir. Los personajes principales de su novela son figuras femeninas heroínas, mujeres inteligentes e  ingeniosas.

Ramón Arnaud tuvo una accidentada carrera militar. Fue detenido y encarcelado por desertor, luego retoma la milicia y hasta gana una medalla al mérito y al valor. Su padrino y protector, el coronel de ingenieros, Abelardo Ávalos le anuncia en 1907 que se va para Clippertown junto con once soldados. Ramón sabe que esto es un castigo, sin embargo, pide irse casado con su prometida Alicia y así lo hace.

El corsario inglés John Clippertown fue el que bautizó al islote. En 1705, lo usaba de guarida para esconderse, luego de atacar barcos en altamar.

Poco a poco, la familia Arnaud se fue adaptando a esa vida muy solitaria y al aire libre, la comunidad creó normas para repartir la comida, tareas para los soldados, reuniones sociales en dónde cantaban y contaban historias para espantar el aburrimiento. La vida transcurre en una cotidianidad pasmosa.

En 1914, la naturaleza los sorprende con una tormenta que se llevó todo a su paso, destruyendo las rústicas viviendas.

Ramón Arnaud vociferaba, se agarraba los pantalones con una mano y con la otra le descargaba latigazos a la nada, cuando una de esas moles de agua lo alcanzó, lo levantó en vilo y lo proyectó a varios metros de distancia, lanzándolo contra el costado de la gran roca del sur”. p.170

La tormenta les dejó 12 naúfragos  holandeses de la goleta Nokomis que encalló en Clippertown. La convivencia sería terrible porque los suministros  de comida, se estaban agotando.

El alemán Gustavo Schultz que vivía en el islote, se había vuelto loco. Lo mantenían amarrado. A Altagracia Quiroz le tocó la tarea de asearlo y poco a poco se fueron enamorando.

En 1914, llega el barco USS Cleveland a Clippertown para rescatar a los holandeses y con  instrucciones de llevarse a los Arnaud hacia Acapulco. Al alemán lo sacan a la fuerza. Él promete que regresará a buscar a Altagracia, su Altita.

Arnaud se entera de que ha estallado la Guerra Mundial. El México que dejó, había cambiado. Ramón decide quedarse. Sus hombres también.

Lo ataca la enfermedad del escorbuto por no comer frutas y vegetales frescos. Varios se contagian. Lo único que hay fresco es coco y comienzan a consumirlo. Varios hombres mueren.

En 1915, Ramón y Secundino dicen ver un barco. Se montan en un planchón. Las olas lo golpean. Las mujeres gritan. Inclusive, alguna vio  a una gran mantarraya atacarlos.  Desaparecen en el mar.

Alicia Arnaud había quedado viuda con sus hijos abandonada junto con otras mujeres en ese islote. Ella pronunció estas palabras:

Aquí se murieron los hombres- pero nosotras seguimos vivas. Están vivos los niños, y hay que alimentarlos. No va a ser fácil. Hay que trabajar duro, así que se acabó el duelo. Basta de llorar por los maridos, porque tenemos que cuidar a los hijos” p. 276

Las mujeres aprendieron a pescar. Convivieron con los espíritus de los muertos. Alicia se da cuenta de que está embarazada y Tirsa Rendón también. Las tareas en la isla se volvieron muy pesadas.

De repente, un diablo apareció espantando a todos. Las mujeres se dieron cuenta de que era Victoriano Álvarez uno de los hombres que supuestamente había fallecido por el escorbuto. El cuidador del faro, de apariencia deforme, se transformó en un problema  grave. Se creía Gobernador y quería tomar como esclavas sexuales a todas las mujeres, inclusive mató a Benita. Al final logran deshacerse de él.

Las mujeres, ya en el último estado de desnutrición, renegridas por el sol, pudieron ser rescatadas en 1916. Y para Altita, el final fue feliz porque su alemán Schultz, nunca dejó de buscarla y se casó con ella. La atendió como una reina para que olvidara las penurias de Clippertown.

Un total de 5 mujeres y 9 niños fueron rescatados luego de vivir 8 años en La isla de la Pasión.  Una novela sobre el exilio, la locura y  la supervivencia con  la impecable narrativa de Laura Restrepo.

Patricia Chung​

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