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Reseña “Un puente con vistas” de Alberto Mulas Caballero

“Un puente con vistas” de Alberto Mulas Caballero

Siempre, desde que tengo uso de razón, he actuado con la idea de no avergonzar a mi yo futuro; y siempre que miro a mi pasado me avergüenzo de mis actos y palabras. ¿Cómo se puede avanzar si nunca sabes hacia dónde vas? (pág.272)

Llegar a la adultez puede ser traumático para un joven. Atravesar  una etapa, mientras se tienen un sinfín de dudas e inseguridades, no es la situación ideal. Sin embargo, el poder asumir cada día como un aprendizaje e ir moldeando el carácter y mostrando conductas que se parecen a la amistad o al compañerismo independientemente de las circunstancias, es lo que vivirá  Lucas en la novela Un puente con vistas del escritor español Alberto Mulas Caballero.

Su ópera prima bien podría llamarse el Diario de un Erasmus, ya que el protagonista Lucas es un becario español de 21 años que es asignado a Portugal para estudiar un año de su carrera. Allí conocerá muchos jóvenes que como él, son erasmus y estudian en distintas facultades.

El programa Erasmus (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios)  debe su nombre al filósofo, teólogo, y humanista Erasmo de Róterdam (1465-1536) y fue diseñado para apoyar y facilitar la movilidad académica de estudiantes y profesores universitarios en  los Estados miembros del Espacio Económico Europeo, Suiza, Macedonia del Norte y Turquía.

Más que vivir la experiencia, este joven, decide que es una buena razón para huir del ambiente de su casa por un tiempo. Su madre sufre de una depresión constante por un divorcio que no ha superado y con sus hermanos tiene una extraña relación de cercanía y lejanía al mismo tiempo. Así, de esta familia un tanto desestructurada, proviene Lucas.

Un puente con vistas es una extensa novela (585 pág.) se divide en dos partes, la primera se llama Extremo Occidente y la segunda Extremo Oriente. La primera mitad del libro cuenta el proceso de adaptación que vive Lucas desde su llegada a Portugal y la paulatina integración con estudiantes provenientes de los más variados países.

Es, como tal, una novela sobre el Erasmus. Sin embargo, en la segunda parte, tras afianzar sus relaciones, surge una relación con Asami, la joven japonesa que daría pie al título de esta parte, y que despertará el amor en él, pero también la desilusión, los celos y la pasión.

 Un puente con vistas está escrita en primera persona. El tono es reflexivo y confesional. El lector será partícipe de las vivencias de Lucas, de esa travesía por el crecimiento interno con sus desilusiones y recompensas. Una trama young adult en la que el escritor no se refiere directamente a un año en específico, pero deja abundantes pistas de la época en la que se desarrolla el relato, como la muerte del actor Paul Newman (septiembre de 2008) o el uso del Facebook para comunicarse; recordemos que esta plataforma comenzó a operar en español en febrero de 2008. Además, Mulas Caballero ha reconocido ser un apasionado de la literatura, el cine y la música; y eso se nota en las frecuentes referencias a películas y canciones durante toda la novela que, sin duda, tiene su propia banda sonora.

La comunicación en el 2008 es a través del MSN Messenger, aún no hay WhatsApp y todavía existen los Blackberry. El Skype no estaba tan difundido y Google Chrome hacía su aparición en septiembre de ese año. Lucas teme que, al dejar de ver a sus amigos internacionales, si no se  contactan por Facebook, perderá cualquier rastro de ellos. Para ese momento, coincide que muchos españoles no estaban interesados en esa red social porque usaban Tuenti.

Lucas es indeciso, algo cínico (lo que da para algunos puntos cómicos a lo largo de la novela), pesimista, reservado y solitario. No en vano, sus más cercanos ya le advierten antes del viaje, «Conociéndote, terminarás durmiendo bajo un puente».

Él prefiriere ironizar al respecto: En España se habla mucho de la crisis, y eso da para pensar bastante. Yo no sé si eso hará bajar los precios de los puentes o del alquiler, pero por el momento creo que estaré bastante bien por aquí, de okupa.  (pág.200)

Precisamente, los lugares donde vivirá jugarán un rol importante, él logrará compartir, conocer, cocinar, hablar inglés, portugués y algo de japonés gracias a sus nuevas amistades en dos de las residencias donde habitará un buen tiempo.

Haber salido de su casa ha sido un reto para Lucas pero aprender a sobrevivir es su misión. Superar sus temores más recónditos, será su mayor aprendizaje al transitar el camino a la madurez. En este sentido, estamos ante una novela realista; cualquier joven tendría similares vivencias a las de Lucas al decidir estudiar en otro país.

Al comienzo, experimenta frustración.

Desde que estoy en Portugal, no he dado una a derechas, salvo lo que estaba escrito en un papel y ya indicaba que debía hacer y cómo. Todo lo demás ha resultado en un fracaso individual. La gente que no he conocido, los avances que no he hecho, los caminos que he andado para nada y sin saber por qué. (pág.53)

Al pasar los meses, el protagonista irá cambiando su modo de ver la vida, adquirirá una perspectiva de comunidad y en él aflorarán sentimientos que no había experimentado como la verdadera amistad con hombres y mujeres de diferentes culturas. En Un puente con vistas, Lucas tratará insistentemente de averiguar si encaja en algún lado. Jóvenes de México, Eslovaquia, Brasil, Suecia, entre otros, serán los miembros de la “vecindad” de Lucas.

En esta bitácora de un español en Portugal juega un rol importante el recurso epistolar en forma de comunicación digital. Contar experiencias, es como un monólogo para descargar frustraciones, en un principio, y luego le sirve para contar aspectos de la cotidianidad y permanecer unido con los más afines.

El constante autocuestionamiento es una característica resaltante del protagonista. Acaso sus vivencias serán positivas por el aprendizaje, las amistades, las materias que no le servirán en un futuro o tal vez por el alcohol y las fiestas. Lucas no tiene la respuesta (¿alguien la tiene, en realidad?). Él prefiere pasar tiempo con sus amistades antes que dedicarse a estudiar una carrera que no lo convence en lo absoluto.

Ha comenzado una intensa vida social, visitando los bares con sus amigos hasta convertirse en una 24 Hour Party People. Se ha convertido en una persona nueva.

A lo mejor es que me siento mal al no hacer lo que otros me piden (por si acaso no lo vuelven a pedir). Ni idea, pero al final claudico y hago lo que, sí, me gustaría hacer, pero no debo. Hay quien dice que para triunfar en esta vida hay que saber decir que no. Yo no triunfaré jamás, pero ayudaré a muchas personas a pasarlo bien y ya es bastante (pág.191)

La segunda parte de la novela Un puente con vistas es como un torbellino. El ya sociable Lucas se enamorará de Asami, una joven japonesa a la que conoció como Sam. La relación no será nada fácil por los comportamientos de ambos. Y quién dice que el amor es fácil, las complicaciones surgirán una tras otra, al tiempo que la sexualidad apasionada y desbordada entre los jóvenes amantes afianzará los nexos entre ambos.

Esto dará pie a la confusión y el rol de los miembros de una pareja (en el caso del libro, con la constante pregunta de Lucas sobre si Asami y Sam son dos personas, una totalmente distinta de la otra).

Al principio esa actitud no me afectaba en lo más mínimo, pero ahora sí, ahora no me siento bien al ver cómo otros hombres se restriegan contra ella e intentan abrazarla por la espalda y no soltarla. Algo ha trastocado mi forma de ser, al verla. Entiendo que hace lo que quiere con su vida y no me debe nada, pero estar presente me disgusta. (pág.253)

En líneas generales, Un puente con vistas  da valor a la amistad, el apego a lugares y a personas. Ya era habitual que los Erasmus fueran de bar en bar, visitando el Bigorna, el Shot’s Bar o el Tapas Bar. Llovían invitaciones a casa de amigos, cualquier cumpleaños o despedida era motivo de reunión. Tal es el punto, que cualquier estudiante que lo lea deseará formar parte de la experiencia Erasmus.

He conocido a un amplio grupo de personas y me he sentido muy cercano a todos ellos, por separado y agrupados. Han sido mi familia, durante todos estos escasos meses han sido mi familia, y ahora van y se marchan. Ellos creen que yo soy el que se queda con la buena suerte, pero yo me siento desafortunado al verme abandonado. (pág.230)

Después de todo, decir adiós es difícil. Así como llegaron, todos los estudiantes se van a ir despidiendo uno a uno. Como si fueran a pasar una página para escribir otra historia. Quién sabe si sabremos más de Lucas en los próximos años. Por el momento, solo sabemos que Lucas guardará los recuerdos, buenos y malos, igual que nosotros los hemos leído.

Patricia Chung

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