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Ricardo Gil Otaiza: todo momento es ideal para la escritura

Ricardo Gil Otaiza

Ricardo Gil Otaiza nació el 08 de noviembre de 1961 en la ciudad de Mérida. Egresado como Farmacéutico / ULA. Tiene dos maestrías: Educación Superior, mención Docencia Universitaria y Gerencia Empresarial. Es doctor en Educación, mención Andragogía y también doctor en Ciencias de la Educación; además tiene postdoctorado en Gerencia en las Organizaciones.

Es conferencista, narrador, poeta, ensayista, crítico literario, biógrafo, editor honorario de la Revista de la Facultad de Farmacia y columnista del diario Frontera (Mérida) y de El Universal (Caracas).

En la actualidad dicta el Curso-Taller Escribir para publicar en los espacios de la ULA.

Ha publicado una cincuentena de artículos en revistas científicas arbitradas e indexadas, y su numerosa producción libresca (34 libros) es en parte la siguiente: Espacio sin límite (Novela, 1995), Paraíso olvidado (Cuentos, 1996), Manual del vencedor (Poesía, 2001), El gesto de ensayar (Ensayos, 2017).

La novela Sabía que era inmortal (2017) es su más reciente creación.

Ricardo Gil Otaiza- Libro.

 

Más detalles sobre su obra en El Blog de Ricardo Gil Otaiza 

¿Qué razón lo motiva a escribir?: Es una pulsión que siento desde muy joven y que me impele a mostrarme al lector desde mi interioridad. Es una necesidad de comunicar, de entregarme, de compartir vivencias, experiencias y creaciones.    

¿Para usted “escribir “es una profesión o un hobby?: Es una manera de vivir.

 ¿Qué es lo más difícil de ser escritor?: El proceso de creación es complejo y lo más difícil es plasmar en la página (y con fidelidad) aquello que llevas en mente. Es decir, que lo que obtengas como producto de tu esfuerzo creador se “parezca” a aquello que  guardas en tu interior. El maestro Augusto Monterroso lo expresó más o menos así: “que hermoso texto veía en mi mente y que página tan triste la que obtenía”. 

 ¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?: El anhelo de expresar por escrito mi vida y todo lo que me rodeaba, y el tener como testigo de excepción a un hipotético lector. Desde muy joven sentía la necesidad de expresarme por escrito y de ser leído. A pesar de no ser literato por formación amo la palabra y el idioma. Son dos de mis grandes pasiones (amén del libro impreso y de la familia).

 ¿Tiene alguna rutina para sentarse a escribir?: En realidad no tengo rutina, pero sí una disciplina. Puedo escribir en cualquier contexto y a cualquier hora. Todo momento es ideal para la escritura.  

¿Tiene alguna musa de inspiración?: La vida misma es mi musa. Cada suceso, detalle, vislumbre o situación puede generar en mi interioridad esa chispa que me lleve a la página.

¿Cuáles autores lo inspiraron para escribir?: el autor que más me inspiró fue el venezolano Francisco Herrera Luque. Toda su obra representó en mi juventud el ejemplo a seguir, y el gran ideal literario. Le siguen: Arturo Uslar Pietri, Denzil Romero, Mariano Picón-Salas, Tulio Febres-Cordero, Jorge Luis Borges, Augusto Monterroso,Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Hermann Hesse, Miguel de Cervantes, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Ana Teresa Torres, Carlos Fuentes y Octavio Paz.  

¿De sus obras cuál ha sido la que más ha disfrutado escribir?: En realidad he disfrutado mucho la escritura de cada uno de mis libros (que ya sobrepasan los 30), pero siento que el proceso de creación de mi más reciente novela, Sabía que era inmortal (Equinoccio y El Estilete, 2017), lo viví con una intensidad rayana en obsesión. En su escritura me moví entre el gozo más profundo, pero también en la más honda de las tristezas. El tener que asumir el revés histórico que debía con respecto a uno de los personajes centrales de la trama (Gregorio Rivera y Sologuren, que fue un hombre de carne y hueso), me generó un gran sufrimiento; un profundo dolor. El disfrute, como se ve, es ambivalente y complejo. 

¿Qué está escribiendo?: En estos momentos tengo una idea en mente que deberá madurar antes de convertirse en escritura. En el ínterin llevo adelante tres columnas de prensa: dos en el diario El Universal de Caracas (jueves y domingo)  y una para el diario Frontera de Mérida (domingo).

¿Qué libro le hubiese gustado escribir?: El Ulises de James Joyce, que todos suelen citar (aunque muy pocos se atreven a leer).

¿Existe el temor frente a la hoja en blanco?: Lo que existe es la ausencia de disciplina para emprender una escritura que logre superar nuestras propias expectativas. El llamado “temor frente a la hoja en blanco” yo lo denomino “inseguridad” autoral y falta de oficio.

¿Cuál género no se ha atrevido a escribir?: Teatro. Aunque si de atrevimientos se trata, escribí poesía sin ser poeta.  

 ¿Cuál autor venezolano recomienda leer?: Francisco Herrera Luque, Armando Rojas Guardia, Juan Liscano, Arturo Uslar Pietri, Mariano Picón-Salas…

¿Cuál es el libro más preciado de su biblioteca?: Todos mis libros son preciados y representan momentos muy particulares de mi vida. Si tuviese que decidirme por uno solo de ellos me vería en graves aprietos. Me gusta mucho mi tomo de El General en su laberinto de García Márquez, En busca de Bolívar de William Ospina, La llama doble y El arco y la lira de Octavio Paz, los Diarios de Kafka, las Obras Completas de Borges…

¿Cómo es su biblioteca, tiene un lugar especial, un sistema para ordenarlos, cuántos tiene?: Mi biblioteca es una Torre de Babel y además un inmenso desorden (que es su propio orden). En realidad tengo varias bibliotecas: una ubicada en un cuarto que llamo “biblioteca” en la planta baja de mi casa; otra parte de mis libros la tengo en la sala; otra en el segundo piso, y una pequeña porción sobre mi mesa de noche. Tengo una biblioteca de plantas medicinales (mi especialidad académica) en mi cubículo de la Facultad de Farmacia de la ULA.

Mi sistema de ordenamiento de los libros es hasta donde alcance mi brazo: cierro los ojos, estiro el brazo, meto la mano en una ruma de libros y hallo el tomo que estoy buscando: caos-orden-caos-orden…

No tengo contabilizado el número de libros que están en mi poder, pero a vuelo de pájaro sobrepasan fácilmente los cuatro mil ejemplares.

Recuerda con cuál libro se inició en la lectura: Creo que me inicié con El lobo estepario de Hermann Hesse y salté a Don  Quijote de la Mancha de Cervantes.

¿Cuál fue el libro qué dejó una huella en ud?: Muchos libros me han dejado huella. Recuerdo El lobo estepario de Hesse (este libro marcó a mi generación). Me impactó también el Guzmán Blanco, tragedia en seis partes y un epílogo de Tomás Polanco Alcántara, El último lector de Ricardo Piglia, Diarios 1984 – 1989 y Confesiones de un burgués de Sándor Márai, La loca de la casa de Rosa Montero, Viaje al amanecer de Mariano Picón-Salas, El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, Viaje al centro de la fábula de Augusto Monterroso, Cuentos de Tulio Febres Cordero…

El Quijote (que he leído una sola vez en mi vida) produjo un gran impacto en mi sensibilidad como lector.

Un libro para iniciarse en la lectura: Siddhartha de Hermann Hesse y El viejo y el mar de Ernest Hemingway.

Un libro para soñar: El último encuentro de Sándor Márai. Una obra maestra.

Un libro para no leer: Otra vez, el Ulises de James Joyce.

Un libro para leer en el baño: Seda de Alessandro Baricco. No lo leí en un baño, pero sí dentro de un avión. Los vértigos suelen ser similares…

Libro de papel o electrónico: pertenezco a la generación Gutenber. Siempre seré un amante del libro impreso. Nada podrá sustituir el placer orgiástico de olfatear, manosear y degustar las páginas de un libro de papel. La sensualidad del libro de papel es indescriptible.

¿Consejos para un principiante en la escritura?: Nadie escarmienta en cabeza ajena y no me gusta pontificar. Empero, entre los jóvenes suelo ser insistente con la disciplina. Ha sido clave en mi vida y en mi trayectoria como escritor.

¿Qué le falta a su obra?: Seguir creciendo. Mi cabeza es un cúmulo de ideas que buscan las dimensiones literarias. A pesar de tener más de tres décadas en el oficio, y de lograr una obra que sobrepasa la treintena de libros, como queda dicho, me siento con los ímpetus y las fuerzas para continuar avanzando en la exploración de nuevos territorios.

Tal vez vaya siendo hora de que algunos de mis libros sean llevados a otras lenguas. No sé cómo será la musicalidad de Una línea indecisa en cantonés.

¿Qué tan biográfica termina siendo su obra?: Como Borges, pienso que toda obra es autobiográfica. De alguna manera saqueamos nuestra interioridad en busca de situaciones y de personajes que nos ayuden a construir una obra. Quienes me conocen de cerca y me han leído perciben en algunas voces y personajes mi propia voz y mi propia imagen. En Sabía que era inmortal, mi libro más reciente, es fácilmente reconocible a Ricardo Gil Otaiza detrás de varios personajes; incluso, en algunas de las voces narrativas sin rostro.

¿Cómo se conecta con el lector?: Hay varias técnicas para ello. Suelo utilizar un lenguaje que conecte con la media del lector. Echo mano de recursos tales como el humor, la ironía, el soliloquio (o la reflexión), y el sarcasmo. A veces interpelo a los lectores de manera frontal y directa. En el menor de los casos suelo ponerme en la “piel” de quien me lee (que en gerencia se denomina “empatía”), y eso se erige en un vaso comunicante directo y efectivo. Creo que la mejor técnica, y la que me da estupendos resultados con distintos tipos de lectores, es esforzarme para que el texto sea de elevada calidad y que el mensaje resulte claro, diáfano y honesto. Esto siempre resulta… En definitiva, se escribe para un posible lector, y no podemos darnos el lujo de dejarlo ir, que nos abandone o desdeñe. Todo artilugio que sirva para tener al lector de nuestro lado es válido, siempre y cuando todo esto no represente el violentar nuestros principios ni la ética. Esa raya, considero, no la debemos sobrepasar.

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