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Sergio Ramírez: “No aborrezco los libros electrónicos, ni la tecnología”

Sergio Ramírez.

Sergio Ramírez, el escritor nicaragüense ganador del Premio Cervantes 2017 en reconocimiento a su obra literaria, proviene de una familia de músicos humildes y bastante numerosa. Es el segundo de cinco hermanos. Tiene 56 primos y atesora vivo, en su memoria, el recuerdo del día en que su padre le dijo: “Tienes que ser el primer profesional de esta familia: un litigante”.

Le cumplió el deseo. En 1964 se convierte en abogado, con todo y medalla de oro al mérito por ser el mejor de su promoción. Solo que en el trayecto, descubriría que le apasionaban más la política y la escritura. Dos aguas en las que ha sabido navegar.

“Cuando le entregué mi primer libro a mi papá (un cuento), me dijo: “Ahora tienes que escribir una novela”. Justo, en ese momento, Ramírez, estaba empezando a escribir su propia historia.

A finales de los años 70 junto a un grupo de intelectuales, empresarios y activistas sociales, se opone a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle y apoya al Frente de Liberación Nacional.  Con el tiempo llegaría a ejercer el cargo de  Vicepresidente de su país, pero, sin dejar de lado el oficio de la escritura.

“De hecho mi libro Castigo Divino (Mondadori, 1988), lo escribí a mitad de una guerra civil, en plena revolución. Me levantaba a escribir a las 4 am, hasta que comenzaban a sonar los teléfonos”, cuenta.

Recientemente estuvo en Guatemala, no para hablar de su pasado político. Visitó la librería Sophos para presentar: Ya nadie llora por mí (Alfaguara, 2017), la novela negra que revive al inspector Dolores Morales, protagonista de su libro El cielo llora por mí (Alfaguara, 2008).

Ya nadie llora por mi de Sergio RamírezEl cielo llora por mi de Sergio Ramírez

 

 

 

 

 

 

Oportunidad que aprovechamos en Qué Leer, para interrogarle sobre su nuevo trabajo, su técnica para contar historias y sobre el Premio Cervantes, que recibirá en abril, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, en España.

 “Yo me empecé  a formar como cuentista y lo que leía era a cuentistas. Para mí el gran maestro del cuento siempre fue Chejov, leí sus cuentos en una edición de editorial Aguilar publicada en papel biblia y con una letra pequeñita, que hoy no podría leer”, revela el también autor de Margarita, está linda la mar, obra ganadora del Premio Alfaguara en 1998, y que le aseguró el reconocimiento internacional.

Escritura en solitario

La soledad es un requisito en la rutina de trabajo de Sergio Ramírez, primer centroamericano en hacerse con el Premio Cervantes y quien asegura tomarse hasta dos años para completar un libro.

“Me levanto bastante temprano y después que reviso los periódicos del día, veo en internet qué es lo que hay en el mundo, pero sin detenerme mucho a leer noticias, simplemente a enterarme. Después me voy a mi encierro del estudio a escribir. Ahí, sí que me aíslo. Suspendo el correo electrónico, apago los teléfonos y me subo a esa cápsula espacial hasta la una o dos de la tarde que me voy a comer, y eso es todos los días, mientras pueda hacerlo”, confiesa.

Un  hábito que tiene en pausa desde, noviembre del año pasado, cuando se supo merecedor del Premio Cervantes 2017.  “Recibí una llamada del Ministro de Educación y Cultura de España anunciándome que el jurado me había elegido como ganador, ese es el ritual. Y comenzó una avalancha de entrevistas y viajes”. Estuvo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en el Hay Festival de Cartagena, vino a Guatemala y luego va a Ecuador y Colombia. “Se rompió una rutina que espero recuperar después que reciba el galardón”, ansía Ramírez.

Ese día, tiene fecha: 23 de abril de 2018 y Sergio Ramírez está listo. “Va a estar toda la familia, mi esposa mis hijos y mis nietos. Parte del protocolo del Premio es que lo entregan los Reyes de España, en una ceremonia solemne para la que hay que ponerse traje de etiqueta, es parte del ritual, y hay que cumplirlo”, se adelanta.

Sergio Ramirez y Daniel Uzcátegui.
Encuentro entre el escritor nicaragüense y el periodista venezolano en la librería Sophos en Guatemala donde presentó: Ya nadie llora por mí (Alfaguara, 2017).

Felicitaciones por el Premio ¿Le tomó por sorpresa saber que había ganado?

Bueno, yo estaba en la lista corta, digamos… del Premio. Sabía, porque había salido en los periódicos, pero no deja de ser siempre una sorpresa que te saca del ámbito de la realidad. Los acontecimientos de este tipo, cuando son buenos o cuando son malos, crean una sensación de irrealidad. Me sacó  de mi rutina diaria. Yo iba a mi estudio a escribir en la mañana como siempre y a partir de esto no he vuelto a sentarme.

La gira para hablar del Premio Cervantes 2017, también la ha aprovechado para presentar su nueva novela Ya nadie llora por mí (Alfaguara, 2017). La crítica, asegura que es una gran denuncia contra la corrupción, ¿está de acuerdo?

Vamos a ver… yo creo que las consecuencias de un libro tiene que sacarlas el lector. El escritor lo que hace es exponer en una narración el devenir de sus personajes, las situaciones por las que van atravesando. La ficción es un montaje sobre una base concreta, de la cual emanan todas esas figuras vaporosas que son las figuras de la ficción, entonces, el describir lo que ocurre hoy en día en relación con la descomposición social, el olvido de la ética, la falta de transparencia, el dinero fácil y el arribismo, hace que se refleje la situación que vivimos y que el lector diga si encuentra eso como un espejo de lo que ve en su propio país, entonces su conclusión y coincide con lo que yo estoy describiendo. Pero yo lo que no me avengo, es con el término literatura de denuncia.

¿Por qué?

Porque la literatura de denuncia puede ser contaminante. Dedicarse a denunciar una situación, a veces, lo que hace es exponer una trama que está basada en lo que pasa en la realidad.

En Ya nadie llora por mí (Alfaguara, 2017), plasmó parte de lo que está pasando en Nicaragua, especialmente en Managua, su capital, ¿qué cosas mejoraría de esa realidad?

Lo que pasa es que tengo un sombrero de doble ala. Mi sombrero de escritor y mi sombrero de ciudadano. Si la situación que mi país vive cambiara yo me quedaría sin chamba como escritor. Tendría que irme con la música a otra parte a buscar de que escribir. Porque imaginar un país con sus instituciones transparentes, con alternabilidad democrática, respeto a los derechos humanos, independencia de los jueces, es otro país que no es novelable. Porque sería el del final feliz. Cuando se cuentan las historias y se dice vivieron felices para la siempre, ya no hay historia, la historia se acabó. La historia está siempre en el conflicto, en la contradicción y las dificultades.

Si todo cambia en su país podría escribir en Venezuela, que tiene un escenario parecido…

(Risas)… Bueno, si me dejan, pero no creo que me dejen.

¿Por qué incluyó citas de Macbeth de Shakespeare en  Ya nadie llora por mí?

Me apasiona  el poder y por eso uso las citas de Shakespeare de Macbeth, de La Tempestad y también del Libro del Eclesiástico de la Biblia. Los epígrafes son un ritual que para mí nunca son gratuitos sino que, van al alma del libro qué  es lo que yo quiero decir. Por ejemplo, con la cita del eclesiástico que dice. “Delante de ti tienes el bien y el mal”, eso es lo que ocurre siempre. En mi libro hay personajes muy corrompidos, pero delante de ellos han tenido alguna vez el bien y el mal, uno tiene esa escogencia.

La vida del inspector Dolores Morales se está convirtiendo en saga, ¿debemos esperar una nueva entrega?

Dejo abierta la posibilidad. No es que me quiera comprometer a  decir que de ahora en adelante mi personaje va a ser el inspector Dolores Morales, porque no soy un escritor de novela negra en exclusiva. Pero es un terreno que me gusta explorar porque es un método para llegar donde quiero.

¿Qué está leyendo en este momento?

Un libro muy interesante que se llama De animales a Dioses, plantea que el homo sapiens comienza a crecer, a expandirse, a viajar y a organizarse en sociedades más amplias, porque cuenta con la imaginación. Imagina mundos distintos, imagina dioses, imagina utopías y ese es el cemento que va uniendo la civilización.

¿Cómo se la lleva con la tecnología y las nuevas formas de leer?

El libro de papel y el libro digital, van a compartir espacio muchos años. Siempre que viene una nueva etapa de la civilización, parece que la etapa anterior va a ser aplastada, eliminada y eso nunca es así. Cuando vino la televisión se dijo que iba a terminar la radio y la radio en muchos países de América Latina sigue siendo clave. Soy un lector que navega en dos mundos: el de la lectura electrónica y la lectura en el papel. Si viajo, prefiero llevar la tableta que es más cómoda, si estoy en mi casa prefiero el libro de papel. No aborrezco los libros electrónicos, ni la tecnología porque la multiplicación de la lectura va a venir no a través de los libros de papel, sino de los libros electrónicos. De la posibilidad de instalar en una aldea remota, en un lugar rural, una biblioteca completa, que en lugar de llevar allí 10 o 20 mil libros de papel, poder tener un par de pantallas con acceso a todos los libros del mundo.

¿Qué mensaje desea compartir con los lectores venezolanos?

Me siento muy cerca de los lectores venezolanos, que yo sé que además de ser lectores, los venezolanos, viven muchísimas dificultades de todo tipo y yo me traslado hasta dentro de ellos. Los que buscan la cultura, los que buscan libros y quizás no hay opciones porque los libros son caros, o no existen, o no hay las divisas disponibles para comprarlos… los lectores de periódico que no tiene acceso a lo que quieren leer por falta de libertades, yo me identifico muchísimo con esos lectores.


Un escritor en su tintero

“Quien está decidido a escribir lo hace en la peor de las circunstancias. Puede dedicarse a ser médico, periodista o a empaquetar libros en una librería, si siente esa necesidad, encontrará un par de horas al día para escribir y completar una obra, porque una obra se completa escribiéndola. No hay otra alternativa”.

Yo escucho de toda clase de música. Veo mucho cine por las noches. Más que hobbies son otras ocupaciones que también me tomo muy en serio, así como leer. Me vengo durmiendo entre 12 y 12:30 am porque leo unas dos horas antes de dormir”.

“Quienes no leen se pierden de un buen oficio y de un gran placer. Me cuesta pensar que alguien pueda vivir sin contacto con los libros, pero existen estas personas. Creo que su mundo es más limitado”.

“Un escritor no puede tener temas tabú. Muchas veces uno enfrenta conveniencias, más bien inconveniencias. Puede ser que piense que un tema va a ofender a alguien muy cercano o que un familiar se va a sentir retratado en una novela o tocar historias de familia, o que un amigo va a decir: por qué me ocupaste de modelo en esta novela. O libros que exponen situaciones que para el Poder no son gratas, pero creo que el escritor que se autocensura ya está muerto”.


Por Daniel Uzcategui. Especial Guatemala

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