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Siempre quedaremos en deuda con los libros

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Solemos pensar que sin importar de donde venga una recompensa, nunca será gratis, nunca desinteresada y, como es apenas natural, nunca sin un motivo. Pero como yo hablo de los libros y de todo lo que traen adentro que, aunque suela desconocerse y suene paradójico, siempre es gratis, tengo que decir que en mi caso no siempre ha sido así.

Los libros, como quien no quiere la cosa, suelen llegar sin ser vistos por las cámaras de seguridad, no aparecen en los satélites de los que nos vigilan a diario ni dejan huellas en su camino de venida que se puedan rastrear con luz ultravioleta. Es por lo que, aunque no tengamos en claro cómo, siempre quedaremos en deuda con los libros, no cualquiera arriesga su propia integridad para llega hasta nosotros, así no los hayamos pedido, y, sobre todo, si no lo hemos pedido. Porque, así como sucede con el mundo, que a veces parece que nos odia con el clima inclemente y a la vez nos ama con la eternidad del tiempo, hay mucho más de bueno en lo bueno que de malo en lo malo. No siempre es malo que un desconocido llame a nuestra puerta. No siempre es bueno que un conocido decida visitarnos sin avisar antes. No siempre un libro es bueno, ni siempre es malo. Y me quiero quedar ahora mismo en el ejemplo de los libros: acaba de llegar un libro por correo regular. Es un libro de un formato poco común: cuadrado y pesa más de lo que parece, aunque mucho menos de lo que vale. Habla de la historia de la poesía en Colombia y, para mi gran sorpresa, la inclusión de esta en la poesía en cualquiera de las épocas en donde fue escrita. Relata, a modo cronológico, la historia de este país agobiado y doliente y de cómo esta o bien fue escrita en la poesía antes de suceder, o lo fue durante, y muy pocas veces, casi nunca, luego. No pude evitar dejarlo todo para después, o para nunca, para sentarme a leer aquella joya. Porque, como lo he dicho antes, la mejor forma de estudiar la historia es en la ficción, y en este caso concreto en la poesía, y, la mejor para estudiar la literatura, como ya se imaginarán quienes aún no hayan leído la sentencia, es en la historia.

Aún no termino de leerlo, por supuesto, es un plato para degustar a diario y no de un solo golpe, además que es de esos libros que nunca se terminan de leer, que siempre estamos leyendo. Y mientras más lo leo más me siento sembrando un jardín desconocido, curiosamente, y menos construyendo un rascacielos. Que me perdone la banca, el dios moderno, por andar desperdiciando mi tiempo al no multiplicar el dinero sino el desprendimiento de este. Pero a lo que vine al mundo fue a endeudarme con los libros, no con la banca, así que no me preocupa lo que píense el dios moderno de mí.

Sergio Marentes13 Posts

Editor y director editorial del Grupo Rostros Latinoamérica. Es poeta y narrador. Lector irredento.

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